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viernes, 25 de marzo de 2016

El cuidado pastoral del niño





El cuidado pastoral del niño

Ovejas sin pastor
En una ocasión estaba conversando con una de las directoras de un colegio privado cristiano y ella abordó el tema de las enormes necesidades emocionales manifestadas por los alumnos de su colegio, típico de los niños escolares del fin de siglo. La joven directora me dijo algo que me impactó.
—Yo veo al niño de hoy como un niño que está sólo —dijo—. Cuando trato de ayudarlo en consejería, me encuentro buscando cosas prácticas que él puede hacer solo para intentar a resolver su problema. Ya sé que no va a recibir mucho apoyo de sus padres o de otro medio.
Sus palabras me parecían un triste comentario sobre lo que ha llegado a ser una realidad en la vida de los niños de esta época. La fragilidad emocional de muchos matrimonios, viviendo en una sociedad que distorsiona los valores de la familia tradicional, dejan al niño expuesto y muy vulnerable. Muchos niños no tienen con quién hablar de sus cosas. Se encuentran muy solos enfrentando sus problemas cotidianos, además de las crisis traumáticas que a menudo deben enfrentar. Para los que trabajamos con la niñez, esta realidad se agrava cada vez más y nos deja perplejos ante la falta de soluciones para estos niños tan turbados. Lo cierto es que el niño de hoy enfrenta a un mundo que lo llena de tensiones, dudas y temores, y crea un estrés crónico por las posibles pérdidas, separaciones, y traumas que le toca vivir. No podemos negar que el núcleo familiar, que tendría que ser su refugio y fuente de seguridad emocional, se está desintegrando cada vez más.
Por si esto fuera poco, la sociedad actual sobrecarga al niño con una niñez sumamente acelerada. Le muestra pequeñas niñas modelos vestidas como seductoras. Lo insta a enamorarse y comportarse con el sexo opuesto como si fuera un adolescente o un joven. Lo obliga a asumir, como algo natural, actitudes de violencia contra el prójimo, instigado mediante programas televisivos creados supuestamente para niños, pero que contienen, según las encuestas, un promedio de veinticinco escenas de violencia por hora. Estudios realizados sobre los hábitos de los niños y la televisión comprueban que el niño mira un promedio de cuatro horas diarias de programas televisivos. Tenemos que reconocer, entonces, que este medio de comunicación ejerce una influencia incalculable sobre él.
Por otro lado, las crecientes restricciones económicas más el alarmante aumento en el desempleo crean tensiones en los adultos que a menudo se descargan sobre los niños. Una de las más tristes manifestaciones de esto es el abuso físico y sexual que sufren los niños y que, según las últimas investigaciones, está en aumento.
Además de las situaciones sociales que crean crisis en el hogar, el niño experimenta profunda ansiedad en cuanto a su persona. La vergüenza, la baja autoestima y la culpa, entre otras emociones, crean todo tipo de dolor emocional. Todo esto el niño lo vive como niño indefenso, sin saber cómo expresar o exteriorizar lo que está sufriendo. Nosotros, los adultos, tenemos la tendencia, algunos dirían la necesidad, de ignorar esta realidad en la vida de los niños, porque nos recuerda la angustia de nuestra propia niñez. Entrar en el mundo del dolor de un niño nos hace revivir la angustia de nuestro propio pasado y por eso tratamos de protegernos, ignorando que los niños con quienes trabajamos están viviendo esas circunstancias.
La tarea que enfrenta al maestro, entonces, es sumamente compleja. Un profesional me dijo:
—Un maestro hoy en día tiene que ser mucho más que un docente. Necesita ser un psiquiatra, un asistente social y terapeuta de familias. Ni hablar de lo que hace falta para tratar de mantener orden en el aula.
Estas realidades también están reflejadas dentro de la iglesia. Nunca ha sido fácil encontrar a suficientes personas para ser maestros de escuela dominical o para hacerse cargo de otros programas con los niños. Ahora es casi imposible reclutar voluntarios para estos ministerios. Un maestro de escuela dominical resumió acertadamente el problema con estas palabras:
—Los niños ahora son imposibles de contener. Me levanto los domingos totalmente desganada para ir y enseñar mi clase. Quiero dejar la clase, porque no doy más.
Estas reacciones confirman mi convicción de que debemos dedicarnos a otro tipo de trabajo con la niñez y la adolescencia de nuestras congregaciones. Ellos necesitan un cuidado pastoral para poder sobrellevar mejor la vida cargada que tienen. Podríamos decir que el énfasis tradicional de las iglesias evangélicas en cuanto al trabajo con los niños ha sido de ganar el mayor número para Cristo. Luego de que hayan tomado esa “decisión de fe”, los insertamos en el programa educacional de la iglesia, en donde reciben una enseñanza más o menos sistemática de la Palabra de Dios. Esa enseñanza consiste, principalmente, de la transmisión de información a través de las historias bíblicas y la memorización de textos. A veces, gracias a Dios, se forma una amistad significativa entre el maestro y alguno de sus alumnos, y a veces el maestro se entera de los problemas que pueden estar enfrentando alguno de sus chicos. Pero, por lo general, los maestros no ven como fundamental este aspecto del ministerio de la enseñanza. Tampoco tienen una capacitación ni herramientas para ayudar al niño que enfrenta problemas en su hogar. En cierto modo, nos podemos engañar al observar la naturaleza misma del niño, la que nos hace pensar que él no tiene necesidades espirituales y emocionales tan profundas ni urgentes como los adultos. Esa percepción la adquirimos porque él no sabe comunicar sus preocupaciones de la forma en como lo hacen las personas grandes. Por eso el adulto prefiere creer que el niño no está viviendo problemas o crisis importantes que pudieran afectar a su desarrollo espiritual.
En general la persona que trabaja en la enseñanza bíblica y en la formación espiritual de la niñez no es una persona instruida en lo que son los procesos evolutivos de los niños. Por lo tanto, no se entienden elementos fundamentales en cuanto a sus percepciones frente al mundo. Tratamos al niño como si fuera un adulto en miniatura y pasamos por alto la enorme complejidad de sus limitaciones, como también de sus amplias capacidades, especialmente dentro del contexto espiritual. En nuestro trabajo con ellos, generalmente bien intencionado, pero mal orientado, a menudo somos culpables de reflejar la descripción de la tarea pastoral que encontramos en Ezequiel 34.4 “No fortalecen a la oveja débil, no cuidan de la enferma, ni curan a la herida; no van por la descarriada ni buscan a la perdida.” Es que, cuando se trata de un niño, no sabemos pastorearlo adecuadamente.
El propósito de este libro es ofrecer una solución a ese problema. Más de treinta años de intenso trabajo con niños dentro del contexto de la iglesia evangélica me han convencido de que las personas que trabajan con la niñez en su formación espiritual son clave en la vida de la iglesia. En general, son poco tomados en cuenta y sus esfuerzos casi nunca reciben la inversión económica adecuada, pero su dedicación y sacrificio son admirables. Escribo especialmente pensando en esos maestros consagrados que desean hacer una labor excelente para el Señor. Creo que los recursos incluidos en este libro les darán un apoyo práctico a la enorme tarea de pastorear al niño. Estos recursos están pensados para ser utilizados de muchas formas, pero lo ideal sería que complementen la enseñanza bíblica ofrecida en la serie Vivir la biblia. Muchas de las láminas y actividades aparecieron primero en estos materiales de enseñanza. Ninguno de los recursos salen de un contexto profesional psiquiátrico o psicológico, aunque soy docente especializada en la educación del niño. Son el producto de una larga inquietud y de un corazón comprometido con la niñez de este continente, y con la convicción de que sin un cuidado pastoral adecuado, nuestros niños no llegarán a conocer en espíritu y en verdad al Buen Pastor que dio su vida por ellos. Este libro representa, entonces, un intento personal de cumplir con el mandato que llegó al apóstol Pedro un día cuando el Señor le dijo: “¿Pedro, me amas? Apacienta mis corderos”.

El cuidado pastoral del niño
por Betty S. de Constance
Capítulo tomado del libro "Más que maestros"

viernes, 18 de marzo de 2016

JESÚS Y LOS NIÑOS


JESÚS Y LOS NIÑOS:


“Y vinieron a él en el templo ciegos y cojos, y los sanó. Pero los principales sacerdotes y los escribas, viendo las maravillas que hacía, y a los muchachos aclamando en el templo y diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! se indignaron, y le dijeron: ¿Oyes lo que éstos dicen? Y Jesús les dijo: Sí, ¿nunca leísteis: De la boca de los niños y de los que maman perfeccionaste la alabanza?” Mateo 21.14-16

A partir del versículo 14 se menciona la presencia de enfermos que le eran traídos a Jesús para ser sanados. Este versículo se interpone entre dos momentos: la indignación de Jesús ante los negociantes (versículos anteriores), y la indignación de los principales sacerdotes y los escribas por las alabanzas de los niños. Jesús demuestra su celo por la casa de su Padre. El Templo no es para ser usado como “cueva de ladrones”, porque los comerciantes negociaban con las palomas y el dinero que eran para las ofrendas. Ellos ponían precios altos y, para las personas pobres o enfermas les era difícil conseguir lo que necesitaban para presentar sus ofrendas. Por tal motivo, Jesús, al atender a los enfermos y darles sanidad, les enseñó que el verdadero propósito del Templo, era practicar el amor, el servicio y la misericordia hacia los demás, de manera gratuita, por la gracia de Dios.

Vers. 15: “Pero los principales sacerdotes y los escribas, viendo las maravillas que hacía, y a los muchachos (niños) aclamando en el templo y diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David ! se indignaron,...”

El evangelio de Mateo es el único que narra la participación de los niños dentro del suceso en el templo. El texto dice: “...viendo las maravillas que hacía”, se refiere a: ciegos que ningún médico los había podido sanar, podían ver; cojos con dificultad para andar o paralíticos, caminaban y corrían. Esto provocó en los niños (traducción más acertada que muchachos), aclamar y dar voces en el templo diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! Hosanna, forma griega de un término hebreo que significa “¡Salva ahora! o ¡Salva, te rogamos!” Era la expresión hebrea (Sal. 118.25) pronunciada por las congregaciones en el templo, durante las Fiestas de la Pascua y la de los
Tabernáculos, como respuesta al cántico entonado por uno de los sacerdotes.

Los niños clamaban a Jesús, como lo habían hecho las multitudes cuando entró a Jerusalén montado sobre un burro. Los principales sacerdotes y los escribas, que siempre buscaban poder, fama y ser los más importantes, se indignaron. Los sacerdotes, porque veían que la gente venía a buscar a Jesús, en vez de recurrir a ellos. Y los escriba, estaban celosos porque las enseñanzas de Jesús tenían más audiencia que sus palabras.

Lo que más llamó la atención fue la actitud de los niños, quienes no tenían ningún temor de alabar a Jesús dentro del Templo. No era una simple imitación de los adultos, ellos reconocían su poder y su autoridad sobre los espíritus inmundos y las enfermedades, por las maravillas que veían.
Vers. 16: “Y le dijeron: ¿Oyes lo que éstos dicen? Y Jesús les dijo: Sí, ¿nunca leísteis: De la boca de los niños y de los que maman perfeccionaste la alabanza?”

Hemos visto que la palabra “Hosanna” quiere decir: “Salva ahora o salva te rogamos”, frase que la congregación pronunciaba en respuesta al cántico de un sacerdote. En esta ocasión, todavía no se celebraba ninguna fiesta; tal vez esto fue lo que más les indignó a los sacerdotes, quienes enojados le dijeron a Jesús: “¿Oyes lo que éstos dicen?...”. El término “oútoi” (esos o estos), es una expresión despectiva para referirse a los niños. Jesús, como buen defensor de los pequeños, contesta ¡Sí! y cita el Salmo 8.2, que es un salmo mesiánico.
“De la boca de los niños y de los que maman, fundaste la fortaleza, a causa de tus enemigos, para hacer callar al enemigo y al vengativo.” Salmo 8.2

“¿De la boca de los niños y de los que maman perfeccionaste la alabanza? Mateo 21.16
Surge la pregunta, ¿por qué Jesús al mencionar la segunda parte del texto cambia las palabras? La respuesta es que ambos textos tienen una relación profética.
 Los Salmos son alabanzas a Dios; además el rey David introdujo muchas profecías. En este caso, se relaciona con el tiempo cuando Cristo reinaría sobre la tierra. Cuando él dice “fundaste la fortaleza, a causa de tus enemigos...”, esto se relaciona con lo que acontecería en el futuro, ya que las alabanzas de los niños en el Templo fue la fortaleza que revelaba el reinado del Mesías quien estaba presente en medio de ellos.
 Decir ¡Hosanna!, no era responder a un cántico sacerdotal, sino a alguien que hacía maravillas en sus acciones, como dar sanidad a los enfermos.
 Por eso, Jesús prefiere usar:...perfeccionaste (o hiciste apropiada) la alabanza? Al parecer, se asemeja a una pregunta algo irónica, pero era una afirmación de que la profecía se había cumplido en la boca de estos pequeños, por el testimonio que daban al reconocerlo como Salvador. Su respuesta, más la intensidad y fuerza de los niños al alabar a Jesús con el solemne ¡Hosanna!, hizo que los sacerdotes y los escribas prefirieran callar.

Podemos ver que los niños juegan un papel muy importante en esta historia. Podemos aprender de ellos:
  1. Deseaban estar cerca de Jesús: El hecho de estar en el Templo donde se encontraba Jesús y el deseo de alabarlo, demuestra el aprecio que le tenían y su dependencia de él.
  2. Reconocieron su poder y autoridad al ver las maravilas que Jesús hacía.
  3. No tuvieron temor ni verguenza en alabar a Jesús: En toda esa algarabía sobresalen las voces de los pequeños, porque sentían en su corazón el alabar a Jesús, sin temor a las críticas y ni a la intención de los líderes religiosos de que callaran.
  4. Aceptaron a Jesús como Salvador¡Hosanna!, salva ahora o salva te rogamos, es una expresión que muestra que reconocían a Jesús como el Salvador, en medio del contexto de discriminación que padecían.
  5. Proclamaron su nombre: ¡Hosana al Hijo de David!, significaba que ellos deseaban que otros escuchen el mensaje de sus alabanzas.
“Como tales, ellos son nuestros maestros. En su humildad y necesidad objetiva, ellos claman “madre”, “padre”, “Abba”, y extienden sus manos vacías.
 Si deseamos aprender cómo recibir el reino y cómo llegar a ser representantes de Dios, debemos aprenderlo de los niños que están en medio nuestro”1

Este texto nos da más claridad para entender el mensaje de recibir el reino de Dios como un niño, en su sencillez y en su ejemplo de humildad para nosotros. Podemos concluir que, tanto David como Jesús al declarar acerca de los niños las frases: “...fundaste la fortaleza” y “...perfeccionaste la alabanza”, indican que la actitud de los pequeños en el Templo es fortaleza o columna que nos sirve como modelo hasta el día de hoy.
Jesús pone de ejemplo a los pequeños, los más insignificantes ante los demás. Él se presenta como su protector y defensor, demuestra que ellos ya no son los últimos, sino los primeros a quienes debemos imitar en su sencillez; por tal motivo les da un lugar de honor, como sus representantes.
El Señor muestra a los niños como un ejemplo para nosotros “ser como ellos”,reconocer a Jesús como el Maestro, amigo y, sobre todo, como el Salvador.

miércoles, 16 de marzo de 2016

Recompensas presentes para los que evangelizan a niños


Pero también hay bendición presente para los que evangelizan a niños:
La bendición de saber que hemos obedecido el mandato de nuestro Señor Jesucristo (Marcos 16:15).
La bendición de saber que estamos usando los dones de la enseñanza y de la evangelización que el Espíritu Santo nos ha dado (Efesios 4:11, 12; 6:1-4).
La bendición de aprender nosotros la Palabra de Dios según la vamos enseñando. La enseñanza es una de las maneras más eficaces de aprender.
La bendición de aprender a comunicar la Biblia a otros. Un obispo anglicano en Sudáfrica exige que todos los futuros pastores pasen un determinado tiempo ministrando a niños antes de poder entrar al pastorado. Él sabe que si pueden enseñar a los niños, pueden enseñar a todos!
La bendición de aprender la humildad, la paciencia y la constancia. Evangelizar a los niños realmente enseña y exige estas cualidades.
La bendición de ver a los niños entregarse a Cristo y empezar a vivir vidas que le agradan a él.
La bendición de ver a niños creyentes que crecen y se transforman en hombres y mujeres usados por Dios, a veces a tiempo completo.
La bendición de ver cómo crece la obra de Dios cuando los niños son salvos.
Y sobre todo la bendición de ver que Dios es glorificado en las vidas de los niños.
Creo también que la iglesia que procura alcanzar a los niños que no han sido alcanzados por el evangelio y los evangeliza, será bendecida por Dios y crecerá. Dios prometió al pueblo de Israel que si enseñaban la Palabra de Dios a los niños serían «un pueblo muy numeroso en la tierra donde abundan la leche y la miel» (Deuteronomio 6:3).

Yo creo que Dios promete semejante bendición hoy en día a la iglesia y al individuo que enseña la Palabra de Dios y el evangelio a los niños, y que ayuda a satisfacer su necesidad espiritual.
Para concluir, recuerde: Evangelizamos a los niños porque Dios ha prometido bendecir a los que lo hacen.
Carlos Spurgeon escribe:
Recibirás una gran recompensa si, al llegar al cielo, encuentras a muchos niños que te den la bienvenida a las habitaciones eternas; esto añadirá otro cielo a tu cielo: encontrarte con seres que te reconozcan como su maestro, el que los trajo a Jesús. Yo no desearía ir solo al cielo; ¿lo desearías tú? Yo no desearía tener una corona en el cielo que no tenga ninguna estrella porque ninguna alma fue salvada a través mío; ¿lo desearías tú?
(Citado de Words of Counsel for Christian Workers)
Tal obra es de mucho beneficio. Es de mucho beneficio para nosotros mismos. Nos ayuda a ejercer la humildad y nos mantiene mansos. Además va formando nuestra paciencia; que los que lo dudan lo intenten, pues incluso los cristianos jóvenes ejercitan la paciencia de los que creen en ellos, y que por lo tanto desean que justifiquen tal confianza. Si deseas ver a hombres y mujeres de gran alma y amplio corazón, búscalos entre los que se ocupan con los menores, aguantando sus disparates y mostrando simpatía por sus debilidades por causa de Jesús.
(Citado de Come Ye Children)
Si enseñamos a los niños con toda claridad la doctrina de la expiación, nos haremos bien a nosotros mismos. A veces espero que Dios avive su iglesia y la restablezca a su anterior fe mediante una obra de gracia entre niños. Si él trajera a nuestras iglesias un gran número de niños, ¡eso haría correr más rápido la lenta sangre de los que dormitan! Los niños cristianos tienden a avivar la casa. ¡Oh, que hubiera más de ellos!
Si el Señor nos ayuda a enseñar a los niños, nos estaremos enseñando a nosotros mismos. No existe mejor manera de aprender que ocuparse de la enseñanza, y no podemos decir que conocemos algo hasta que lo podamos enseñar a otro.
(Citado de Come Ye Children)