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jueves, 14 de enero de 2016

JUGANDO EN FAMILIA...CREANDO VÍNCULOS: ¿Sabemos jugar con nuestros hijos?

Jugar con niños entre dos y seis años es un reto al que muchos adultos no saben enfrentarse. Ya no son los bebés a los que cualquier carantoña les hacía felices, ni tampoco chavales que ansíen entrar en nuestro mundo de adultos. ¿Cómo introducirnos en su mundo de fantasía, donde impera una lógica aplastante, pero tan radicalmente distinta a la nuestra?
La respuesta es tan sencilla como ésta: volviendo a ser niños. Sólo -si hacemos un esfuerzo de abstracción, y nos ponemos en el lugar de nuestro hijo podremos entender que ese mundo imaginario, tan sorprendente y creativo, es el más real para el niño... y que también nosotros estamos llamados a introducirnos en él.
¡Qué rico es!
Durante los primeros meses de vida resulta muy fácil divertir y hacer disfrutar al bebé con cualquier carantoña o voltereta que surja por nuestra propia iniciativa. Basta guiñarles para que se sientan objeto de atención, y se sientan felices. Durante este periodo, lo habitual es que ningún adulto tenga problemas para entretener durante horas al niño, porque aún puede dirigir su juego. El niño aún no tiene autonomía para hacer nada, y se deja llevar y traer, fijando su atención alternativamente en lo que le rodea. Todo le interesa y, por lo tanto, cualquier demostración de interés o cariño por nuestra parte es bien recibida.
La edad de la razón
Más tarde, a partir de seis u ocho años, cuando ya tiene uso de razón y podemos tratarle como a un pequeño adulto, también nos resulta relativamente fácil jugar con él, compitiendo en una partida de damas, solicitando su colaboración para hacer una tarta o llevándonoslo al fútbol. La razón de este acercamiento, sin embargo, no radica en el esfuerzo de los padres, sino en la madurez de los hijos, que comienzan a entrar en el complejo mundo de los adultos y toman ya partido en sus intereses: los niños hablan de marcas de coches, las niñas de modas, etc. Son ellos quienes están entrando en la realidad de los adultos y, aunque necesiten de nuestra ayuda para ello, el esfuerzo es más suyo que nuestro.
Un mundo de fantasía
Sin embargo, entre dos y seis años... no resulta tan sencillo jugar con ellos. Durante esta etapa de su desarrollo, el niño necesita jugar, como medio de expresión, aprendizaje y desarrollo. El juego es algo muy serio para él, es la vía para canalizar sus dudas, sus preocupaciones, su curiosidad... y, por lo tanto, puede tomar los derroteros más insospechados. Tan pronto le encontraremos sumido en las cavilaciones de un ladrón "bueno", como haciendo que la muñeca entre en la casita volando por la ventana... ¿Qué le hará pensar que las cosas son "así"?
En realidad, su mundo es distinto del de los adultos, porque las posibilidades que le brinda la imaginación son mucho más creativas e inesperadas que las que ofrece la realidad de cada día. Pero aún queda un rasgo esencialmente característico del juego de nuestros hijos: su interés por todo lo que les rodea, que se refleja en el juego y que les impulsa a construir una realidad más "lógica", también les impulsa a invitarnos a compartirla con él.
¿Cómo jugar con ellos?
A cualquier adulto que se plantee jugar con un niño de esta edad pueden serle de utilidad estas cinco ideas básicas: - SENTIRSE PARTICIPANTE. Si se considera como un mero espectador, no podrá entender el juego y, mucho menos, correr con un despertador en la mano y gritando "tengo prisa, tengo prisa", para que su hijo-le persiga junto a Alicia por el País de las Maravillas.
Ponerse a su altura
Lo que supondrá más de una vez tirarnos en el suelo, "comer" sopa de agua con una cuchara de l0 centímetros... y creernos de veras que somos el lobo o la hija de la muñeca.
Respetar su tiempo de juego con nosostros
Este debe tener un hueco inamovible en nuestro horario. Aunque se restrinja a la media hora antes de dormir, hay que convertir ese rato en una aventura intensa donde no haya sitio para las prisas ni para ninguna otra preocupación que los lazos de los Barriguitas, o saber cómo llegará el camión de Policía al repecho de la ventana.
Ayudarles a ejercer su libertad y creatividad
Permitiendo que sean ellos los protagonistas del juego y sin obstruir su habilidad de pensar. Deben ser ellos quienes dirijan el juego y determinen si el camión de bomberos va a salvar un gato o a sofocar un incendio, qué se pone la muñeca para ir de paseo... Otra cosa distinta es que podamos darle ideas, opciones, resolver dudas, proponer pautas..., pero sin coartar su expresividad y creatividad.
Entrar en su mundo
Y dejarse arrastrar por su lógica infantil, sin perjuicio de poder aportar ideas y pautas que el niño pueda utilizar. Pero lo importante es que sea el adulto el que se adapte al juego del niño, y no pretenda que éste salga de él, para acomodarse a la realidad de los mayores. Aquí habrá que hacer un esfuerzo de abstracción. Sólo con ella podrá el adulto entender la lógica aplastante que -siempre- contiene el juego de su hijo.
Papá y mamá
Por otra parte, también debemos tener en cuenta que los padres juegan de forma distinta a como lo hacen las madres. Así, mientras ellas tienen mayor facilidad para comer en cazuelitas de 2 cm de diámetro, para ellos es más sencillo tirarse al suelo a cuatro patas y fingir que es un lobo, o ponerse unas plumas en la cabeza para hacer "el indio". Sin llegar a esfuerzos que resulten artificiales, ante los cuales el niño recibiría una impresión negativa, sería bueno que el padre intentara también introducirse en su mundo de juegos. Durante estos años intermedios, la presencia de ambos es muy importante para el desarrollo de su hijo.

No importa que de ocho de la mañana a cinco de la tarde el papá haya estado ensimismado en las finanzas de su empresa o que la mamá hay tenido que defender la más importante negociación con un proveedor de la suya. Lo que su hijo necesita por la tarde, de siete a ocho, es que se conviertan alternativamente en lobo, en capitán de artillería y en cliente del puesto del mercado. Nada más y nada menos.
Carmen Bassy.

lunes, 28 de diciembre de 2015

Juegos para los viajes con niños.


Juegos tranquilos para los viajes:

Los pequeños no perciben el paso del tiempo como los adultos y cinco minutos sentados en su sillita, sin ver nada más que coches a su alrededor, no les gusta nada. Para evitar que ellos se aburran y que vos te desesperes, puedes poner en práctica alguna de estas propuestas:



1. Carrera de gotas

Este juego es el ideal para los viajes en días de lluvia. Cada jugador apadrina una de las gotas de agua que quedan pegadas al cristal y van escurriéndose hacia atrás. La gota más rápida hará ganar a su padrino. Es conveniente marcar el punto de salida y la meta. A partir de 4 años.

2. Contar un cuento

Un adulto da las pistas clave: objetos, personajes, lugares... Los niños deben crear una historia organizada que contenga todos los elementos que les han dado. Una forma estupenda de enseñarle a inventar un cuento.A partir de 4 años.

3. Veo veo

Uno formula la frase mientras piensa en algo que está viendo constantemente durante el trayecto: “Veo, veo”. Otro pregunta: “¿por qué letra empieza?”. El primero contesta y los demás deben adivinar en qué está pensando. A partir de 5 años.

4. Revista viajera

Hay que hojear una revista y observar por la ventanilla para encontrar objetos como los que aparecen en las fotografías. Cada uno pone su señal encima del objeto que encuentre y gana el que más señales tenga al pasar 10 minutos. A partir de 5 años

5. La casa de San Juan

Alguien robó pan en la casa de San Juan y como nadie sabe quién, todos van acusándose unos a otros mientras cantan:
Todos: “Félix robó pan en la casa de San Juan.”
Félix: “ ¿Quién yo?”
Todos: “Sí, tú.”
Félix: “Yo no fui."
Todos: “¿Entonces quién?"
Félix: “Marta.”
Todos: “Marta robó pan en la casa de San Juan...”
Este juego es especialmente divertido en el autobús debido al número de participantes. A partir de 5 años.

6. Responda otra vez

Consiste en adaptar el famoso concurso de televisión –1, 2, 3– en el que el presentador pide que los concursantes –agrupados por parejas o individualmente– enumeren objetos, clases de animales, nombres de lugares... Y así elaboran una lista hasta que se equivoquen o repitan respuesta. Tras unas cuantas rondas, ganará la pareja o el niño que más respuestas acertadas tenga. A partir de 6 meses.

7. El código de sonidos

Consiste en contar una misma historia por turnos. El primero que cuenta sustituye una palabra por un sonido. El siguiente debe contar la historia con ese sonido cada vez que aparezca la palabra a la que sustituye y añadir otro sonido en lugar de otra de las palabras. Y así hasta que la historia sea un conjunto de sonidos que sólo los “peques” pueden descifrar. A partir de 7 años.

8. La frase más larga

Uno dice una palabra. El siguiente repite esa palabra y añade otra. El tercero repite las anteriores y añade otra más. Y así hasta que se forme una frase con elementos del paisaje. Hay que ser rápido en añadir palabras y así, cada frase que surja será de lo más disparatada. A partir de 8 años.
9. Poesía en movimiento
El primero pregunta: "¿Qué metemos en la nevera?" Por turnos, todos van contestando cosas que rimen. Por ejemplo: tres kilos de peras. Cuando ya no se les ocurra nada más o menos coherente, se vuelve a formular la pregunta cambiando el recipiente. A partir de 7 años.

10. Palabras encadenadas

Uno dice una palabra para que el siguiente diga otra que empiece por la última sílaba de la anterior. Si al siguiente no se le ocurre ninguna, queda eliminado. El juego se acaba cuando sólo queda un niño sin eliminar. A partir de 6 años.

MÁS JUEGOS!!!
1. Haciendo el equipaje
Este juego desarrolla su creatividad y está indicado para pequeños a partir de 4 años. El adulto dirá: “¿qué llevamos en la maleta?” y el niño irá diciendo todos los objetos que se le ocurran y que rimen con ella, por ejemplo “una raqueta, una piruleta, una paleta...” Después puedes preguntarle qué lleva en su mochila, en su saco o en su equipaje.

2. La lista de la compra

Para mejorar la memoria de niños desde 4 años. Tú empiezas diciendo: “fui al mercado y compré huevos”. Cada jugador debe ir añadiendo un producto, mencionando todos los que han dicho en las rondas anteriores: "fui al mercado y compré huevos, sal, pan, leche..." ¡Vuestra lista puede ser interminable!

3. 1, 2, 3

"Por una gominola, caramelo de goma,  la respuesta acertada, enumere provincias españolas como por ejemplo, Palencia. 1, 2, 3, responda otra vez." Como en el programa de televisión, no vale repetir respuestas ni decir "paso".

4. El juego de las canciones

Uno de los ocupantes del coche enuncia una palabra, por ejemplo, "amor" y el resto debe ir cantando canciones que la contengan por turnos. Si los niños aún son muy pequeños, podéis ampliar el repertorio con melodías que hablen de animales o que tengan nombres propios.  

5. La palabra encadenada

Si tu hijo ya tiene seis años, puedes intentar que asocie palabras que acaben y empiecen por la misma sílaba. Si tú dices “tetera”, él tiene que citar una palabra que empiece por “ra”, por ejemplo “rata”; el siguiente por “ta” como “tapón”, y así sucesivamente. El que repita una palabra, pierde.

6. Cifras y letras

Las matrículas de los coches encierran un sinfín de juegos. Pídele que te diga una palabra que contenga las letras de la matrícula del coche de delante, o una frase en la que cada palabra empiece por cada una de las letras. Por ejemplo, si la matrícula es CDN, puede decir “cadena” o “Carlos dijo: ¡nunca!” ¿Y los números? Ve pidiéndole que sume y reste sus cifras para que repase sus lecciones de matemáticas.

7. Ni sí, ni no

 Un divertidísimo juego de preguntas en que está prohibido responder “sí” y “no”. El que lo haga, pierde.

8. Veo, veo

Todo un clásico muy divertido para los viajes en coche, ya que combina la diversión de las canciones con el paisaje que vais viendo. Si quieres darle un toque educativo, haz que averigüe palabras sobre las que puedas explicarle algo después. Recuerda la cancioncilla: "Veo, veo." "¿Qué ves?" "Una cosita." "¿Y qué cosita es?" "Empieza por la (letra). ¿Qué será, qué será, qué será?"

9. Trabalenguas

Anímale a repetir un difícil trabalenguas e inténtalo tú con él. Si ve que tú también te equivocas, aunque sea aposta, las risas estarán aseguradas. Después podéis probar con chistes o poniendo a prueba su ingenio con alguna pregunta absurda o adivinanzas.

10. Canciones

¿Te acuerdas de las canciones que tú cantabas cuando ibas de vacaciones? El auto de papá, de Los payasos de la tele; vamos a contar mentirasJuan robó pan o la simpática historia de la sardina y el gato que se apostaron la manera de meterse en un zapato. Y, si no os apetece cantar, buscad un disco con canciones infantiles y dejadle que sea él quien os deleite con un concierto sobre ruedas.

11. Una peli

Instalar un DVD portátil puede ser una buena solución ya que una película dura más de una hora, en la que estará entretenido.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Cómo organizar la Escuela Bíblica de Vacaciones.

Cómo organizar la Escuela Bíblica de Vacaciones





La Escuela Bíblica de Vacaciones es un programa organizado por las iglesias que les enseña a los niños los principios religiosos y bíblicos. Esta escuela está disponible tanto para los niños cuyas familias ya asisten a la iglesia, como para quienes no son miembros pero viven en comunidad que la rodea. Hay diferentes maneras de organizar la Escuela Bíblica de Vacaciones, aunque lo ideal es encontrar el método que funcione con los recursos de tu iglesia. Una organización adecuada garantiza una buena experiencia tanto para los niños, como para el personal de la iglesia que lo dirige.

Instrucciones

  1. 1
    Crea un presupuesto para tu programa. La Escuela Bíblica de Vacaciones puede variar su costo dependiendo del tipo de programa y beneficios extras que se les proporcionas a los niños, como los alimentos y materiales para artesanías. Comienza con el dinero que necesitas para alquilar un espacio, los materiales para artesanías, comida y el pago para el personal si es necesario. Si tu iglesia tiene recursos financieros importantes para darle a la Escuela Bíblica, es posible que puedas agregar un transporte local, todas las comidas completas en vez de platos ligeros, invitados oradores e intérpretes. Los presupuestos pequeños deben adherirse a lo esencial y pagar los bocadillos con donaciones, pedir voluntarios y hacer manualidades sencillas para reducir al mínimo los gastos.
  2. 2
    Determina un formato para la Escuela Bíblica de Vacaciones. Algunas escuelas bíblicas operan como un campamento de verano, mantienen a los niños la mayor parte del día durante los cinco días a la semana. Otros sólo lo pueden hacer de dos a cuatro días en el transcurso de un fin de semana. También puedes elegir hacer reuniones semanales durante el transcurso de unas pocas semanas. Elegir la estructura de la Escuela Bíblica depende, en gran medida, de los recursos disponibles de tu iglesia. Las iglesias pequeñas pueden optar por un fin de semana o una estructura de semana para equilibrar la responsabilidad del liderazgo, teniendo un plantel más reducido, por ejemplo. Además, ten en cuenta el número de niños que esperas que asistan. Grandes cantidades de niños pueden encontrar más estimulante un programa de semana completa, mientras que los grupos pequeños pueden disfrutar más de un fin de semana o un programa semanal.

  3. 3
    Determina el propósito. Reúnete con los líderes de la iglesia y otras personas involucradas en la planificación del programa para determinar la misión y propósito de la Escuela Bíblica de Vacaciones. Mientras que una misión puede ser simplemente trabajar con niños y familias que ya asisten a la iglesia, otra puede ser la de atraer nuevos miembros. Los organizadores quizás deseen incorporar algunas lecciones, como aprender tratar con la presión de grupo, mientras que otras pueden centrarse sólo en los pasajes bíblicos. Determinar el propósito adecuado para tu Escuela Bíblica de Vacaciones sumará una mayor estructura y organización al programa.
  4. 4
    Crea un plan de estudios. Elige pasajes bíblicos en los que deseas basar tu plan de estudios. Estos pasajes deben ser relevantes para tu propósito y tema elegido. Si necesitas ideas, consulta a los últimos líderes que tuvo el evento o habla con otras iglesias para ver ejemplos de su plan de estudios anterior. Como siempre, deberás adaptar el currículo para reflejar los valores de tu iglesia y hacer un programa único.
  5. 5
    Alcance. Imprime volantes y distribúyelos a las familias, ya sea antes, durante o después de cada servicio de la iglesia. Pídele al pastor que diga información sobre la Escuela Bíblica de Vacaciones en sus anuncios. Si estás en contacto directo con la comunidad local, coloca volantes en los cafés, parques u otros lugares frecuentados por miembros de la comunidad.

Brownies Navideños!!

BROWNIES NAVIDEÑOS:

RECETA: Ingredientes.
- 250 gramos de mantequilla sin sal
- 125 gramos de harina de repostería
- 225 gramos de azúcar
- 150 gramos de chocolate para fundir
- 4 Huevos 
- 5 gramos de canela molida
- 5 gramos de azúcar avainillada o un poco de esencia de vainilla




Preparación:

Lo primero que tenemos que hacer es fundir el chocolate para postres, empleando el microondas o bien hacerlo en una pequeña olla a fuego lento. Una vez esté casi fundido del todo, añadimos la mantequilla cortada en dados, y derretimos junto con el chocolate, hasta que formen una mezcla perfecta. Apartamos este recipiente para volver a usarlo después.
En otro recipiente vamos a batir los huevos, añadiendo posteriormente el azúcar, y removiendo con la ayuda de unas varillas manuales o una batidora, hasta que se forme una pasta blanquecina, con el azúcar bien integrado. Vertemos el contenido de este recipiente en el primero, y volvemos a mezclar bien con las varillas. Agrega también la canela y la vainilla o el azúcar avainillado. 

Vamos a precalentar el horno a 180ºC, si no lo hemos hecho ya, para que alcance esa temperatura antes de meter el molde para el Brownie. Sobre el molde, podemos emplear uno de silicona, o bien forrar uno tradicional con papel vegetal, para evitar que se pegue la masa, o uno de silicona. 

Vertemos la masa en el molde elegido, que metemos después en el horno durante unos 25-30 minutos, con el calor activado tanto arriba como abajo. Antes de que finalice ese tiempo os recomendamos pinchar el Brownie y comprobar que el interior está bien horneado. Un buen Brownie debe estar bien hecho por fuera y algo menos por dentro, para que tenga esa textura tan característica del mismo. 
Una vez esté en su punto, lo dejamos enfriar y desmoldamos. Y ya podemos disfrutar de nuestro Brownie casero.