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lunes, 22 de febrero de 2016

ESTILOS DE APRENDIZAJE.

ESTILOS DE APRENDIZAJE

Cada persona tiene su forma particular de aprender. Se pueden mencionar tres maneras principales para entender y captar la información: visual, auditiva y kinestésica. Algunos comprenden mejor cuando miran imágenes o leen y tienen una capacidad grande para la abstracción y el análisis (modalidad visual). Otros aprenden más rápidamente cuando reciben explicaciones y pueden expresarse con palabras (modalidad auditiva). Y, hay otros que tienen la capacidad de aprender mejor cuando hacen cosas y están en movimiento (modalidad kinestésica).
Todas las personas tienen un estilo para aprender. El estilo personal, afecta profundamente la manera en la que un maestro enseña pues, por lo general, se enseña en el estilo en el que uno aprende.
A continuación desarrollaremos una clasificación de cinco estilos básicos de aprendizaje, aunque es preciso tener en claro que son aproximaciones y descripciones de una cierta tendencia, pero de ningún modo son compartimentos estancos y puros. Los cinco estilos son: conversar, escuchar, innovar, ver y hacer.

Los estilos se caracterizan por:
Conversar: Las personas que tienen este estilo se relacionan con facilidad y les encanta participar en grupos. A ellos les gusta expresar sus ideas en público. Son personas que se sienten cómodas en situaciones sociales. Aprenden en el intercambio con otros.
Escuchar: Las personas que tienen este estilo prefieren escuchar antes de emitir algún juicio. Les gusta analizar las cosas desde diferentes perspectivas; siempre buscan un conocimiento más profundo del asunto. Ellos quieren saber lo que opinan los expertos.
Innovar: Las personas que tienen este estilo son intuitivas. Son personas que construyen un nuevo conocimiento a partir de lo que ya saben. Son creativos por excelencia. Ellos llevan adelante tareas y actividades aún asumiendo los riesgos. Ellos prefieren probar y equivocarse, antes de quedarse de brazos cruzados.
Ver: A las personas que tienen este estilo les gusta aprender de experiencias directas. Ellos comprenden al ver ejemplos y modelos. Son personas que les gusta leer. Entienden mejor cuando miran diagramas y gráficos, cuando los nuevos conocimientos son presentados a través de imágenes, fotos o dibujos.
Hacer: Los que tienen este estilo son activos. Son personas que influyen en otros para que las cosas se lleven a cabo. Ellos son movilizados por la acción. Son muy prácticos y buscan que toda enseñanza pueda aplicarse. Ellos quieren hacer y ayudar para que las cosas salgan.
Todas las personas tienen un estilo predominante, pero también tienen algo de los otros. No hay estilos mejores que otros, son maneras, son formas de aprehender y responder al mundo.
Es importante que los maestros conozcan los estilos para identificar cuál es el propio. Sin duda esto va a mostrar una tendencia en la elección de métodos y recursos al enseñar. Cada maestro utilizará los métodos que respondan más a su estilo. Pero, los alumnos también tienen sus propios estilos. Por eso, debemos conocerlos para utilizar métodos y recursos que respondan a los cinco estilos y, de esta manera, lograr que todos puedan aprender y lo hagan en su propio estilo.
Por Karen Gustafson y Jessica Ibarbalz

viernes, 19 de febrero de 2016

COMO AYUDAR A LOS NIÑOS FRENTE A LOS DESASTRES NATURALES.



La ansiedad intensa y el temor que a menudo aparecen después de un desastre pueden ser especialmente problemáticos para los niños sobrevivientes, especialmente si éstos han sido víctimas directas del desastre o si han sido separados de sus familias.
 Algunos niños pueden tener regresiones y exhibir conductas de edades anteriores, tales como chuparse el dedo o mojar la cama. Es posible que sean propensos a tener pesadillas y que presenten temor a irse a dormir solos. Su desempeño en la escuela también puede sufrir. 
Otros cambios en los patrones de conducta pueden incluir hacer rabietas con más frecuencia o aislarse y mostrarse más solitarios.
Hay varias cosas que los padres y otros que se ocupan de los niños pueden hacer para aliviar las consecuencias emocionales del trauma. 
Entre ellas están:
Pase más tiempo con los niños y permítales ser más dependientes de usted durante los meses posteriores al trauma. 
Por ejemplo, permitiendo que el niño se aferre a usted más de lo usual. El afecto físico es muy reconfortante para los niños que han experimentado un trauma.
Provea experiencias de juego que ayuden a aliviar la tensión.
 Los niños más pequeños en particular encuentran más fácil compartir sus pensamientos y sentimientos acerca del evento a través de actividades no verbales, tales como el dibujo.
Esté disponible y estimule a los niños mayores a hacer preguntas, así como a compartir sus pensamientos y sentimientos con usted y entre ellos mismos. 
Esto ayuda a reducir su confusión y la ansiedad relacionados con el trauma. Responda a las preguntas en términos que ellos puedan comprender. Tranquilícelos repetidamente y dígales que usted se interesa por ellos y que comprende sus temores y preocupaciones.
Mantenga horarios regulares de actividades tales como comer, jugar e ir a la cama para ayudarles a restaurar un sentido de seguridad y normalidad incluso si su familia ha sido ubicada en un albergue o en otra vivienda temporal.
Provea oportunidades seguras para que los niños ayuden a otros. Ayudar a otros les permite una sensación de control y les puede ayudar a sentirse mejor con ellos mismos.
Reduzca el número de veces que el niño ve el trauma en las noticias. Repetida exposición a la difusión de noticias del desastre puede traumatizarlos aún más.

lunes, 8 de febrero de 2016

LA IMPORTANCIA DE LA ESTIMULACIÓN TEMPRANA.



La importancia de la estimulación temprana es tal que se considera un requisito básico para el óptimo desarrollo del cerebro del bebé, ya que potencia sus funciones cerebrales en todos los aspectos (cognitivo, lingüístico, motor y social)

Nuestro cerebro requiere información que le ayude a desarrollarse. Su crecimiento depende de la cantidad, tipo y calidad de estímulos que recibe; las capacidades no se adquieren sólo con el paso del tiempo

El bebé precisa recibir estos estímulos a diario, desde el momento de su nacimiento. Si recibe estímulos pobres, de una forma irregular o en cantidad insuficiente, el cerebro no desarrolla adecuadamente sus capacidades al ritmo y con la calidad que cabría esperar. Por otro lado, una estimulación temprana, abundante, periódica y de buena calidad nos garantiza un ritmo adecuado en el proceso de adquisición de distintas funciones cerebrales.
La estimulación temprana de los niños es más eficaz porque su cerebro tiene mayor plasticidad; esto hace que se establezcan conexiones entre las neuronas con más facilidad, rapidez y eficacia.
Las deficiencias o falta de estimulación en el primer año de vida del bebé pueden tener consecuencias en el desarrollo óptimo de sus habilidades motoras, cognitivas, lingüísticas y sociales.
En muchas ocasiones los padres, aún sabiendo y siendo conscientes de lo importante que es una buena estimulación temprana, suelen pasar por alto algunos aspectos fundamentales, tales como su caracter general (es decir, que abarcan todas las áreas del desarrollo y no centrarnos sólo en una en concreto), la abundancia de estímulos o la regularidad en el tiempo.
No sólo se trata de reforzar, por ejemplo, aspectos intelectuales o lingüísticos, sino que la estimulación temprana también debe abarcar las demás áreas (motora, sensorial y social) del desarrollo del niño.
El cerebro de nuestros hijos puede procesar y adquirir toda una serie de conocimientos mediante la repetición sistemática de estímulos o ejercicios simples, comúnmente llamados unidades de información o bits. De este modo, lo que se hace es ayudar a reforzar las distintas áreas neuronales (relacionadas con el lenguaje, la motricidad, la inteligencia…)
El máximo desarrollo neuronal está comprendido entre el nacimiento y el tercer año de vida, para luego ir poco a poco desapareciendo hasta llegar a los seis años, momento en el que las interconexiones neuronales del cerebro ya están establecidas y los mecanismos de aprendizaje se asemejan a los de un adulto.
Nuestro hijo nace con un gran potencial y, para que ese potencial se desarrolle al máximo de la forma más adecuada y satisfactoria, nosotros somos los encargados de aprovechar esa oportunidad en su proceso de maduración.
Todo esto lo podemos hacer aprendiendo a leer el comportamiento de nuestro bebé, a respetar sus necesidades, a hacerle sentirse bien y cómodo, a proporcionarle una alimentación sana y equilibrada, a asegurarnos de que lleve una vida saludable y, lo esencial, a jugar con él.
En conclusión, la estimulación temprana en los bebés es importante ya que aprovecha la capacidad y plasticidad del cerebro en su beneficio para el desarrollo óptimo de las distinas áreas. Todo esto se logra proporcionando una serie de estímulos repetitivos (mediante actividades lúdicas), de manera que se potencien aquellas funciones cerebrales que a la larga resultan de mayor interés.

domingo, 31 de enero de 2016

10 BENEFICIOS DE JUGAR EN FAMILIA


 los niños deben hacer puzzles.

descubrimos que no solo es beneficioso a nivel individual que los más pequeños jueguen con rompecabezas, sino que también supone un ejercicio fantástico para fomentar la socialización y estrechar los lazos familiares con padres y hermanos.

Hemos resumido estas conclusiones en los 10 beneficios psicológicos que aporta el juego en familia:
1)  Los padres son un aspecto imprescindible cuando un hijo juega, ya que son su referente, los que le enseñan cómo y con qué jugar, al regalarle los juguetes y explicarle su funcionamiento.
2)  A través del juego los padres ayudan a los niños a desarrollar la imaginación y la socialización.
3)  El juego hace que mejore la relación paterno-filial. También, con hermanos, hace que se conozcan mutuamente y mejore la relación entre ellos.
4)  Jugando, los hijos sentirán que sus padres no son solo una figura de autoridad que está presente en su educación, sino también en la diversión y el disfrute. Esto supone también una importante forma de expresar el cariño.
5)  Cuando un niño termina un puzzle o coloca bien una pieza, y los adultos le felicitan por ello, contribuyen a mejorar su autoestima y motivación. La sensación positiva que se produce en el hijo hace que quiera repetirlo con mayor frecuencia y que se enfrente con más fuerza a nuevos retos y actividades.
6)  Jugar con los hijos es una forma de conocer sus necesidades e intereses, porque los niños suelen expresar sus sentimientos y preocupaciones a través del juego.
7)  El juego también muestra cuáles son las habilidades, limitaciones y virtudes de los niños, lo que para los padres supone una valiosa información sobre las aptitudes, los gustos y el carácter de sus hijos.
8)  Jugar es una estupenda manera de aprender los unos de los otros, porque los hijos pueden enseñar cosas a los padres a través del juego, igual que los padres enseñan a sus hijos.
9)  Es una fuente de experimentación y conocimiento de uno mismo y de los que le rodean, tanto con los padres como con los hermanos, ya que aprenden al jugar todos juntos y observarse entre ellos. Además, toman conciencia de la pertenencia a un grupo.
10)  También aprenden a relacionarse, a respetarse y a cumplir las normas socialespara integrarse mejor en la grupalidad.

En conclusión, lo importante en el juego no es el resultado final, quién gane o quién pierda, sino todo el proceso y el tiempo que se ha compartido. Por último, es importantetener en cuenta que no solo es necesario jugar en familia, los niños también deben aprender a jugar solos y con sus iguales.

La capacidad de aprendizaje de los niños.

Capacidad de aprendizaje

La capacidad de aprendizaje de los niños es asombrosa. Su mente es como una esponja, 

ávida de conocimientos que se adquieren prácticamente sin esfuerzo. 

Así, los padres nos maravillamos al ver que nuestros hijos pequeños han aprendido inglés

 en un abrir y cerrar de ojos, nos corrigen el acento y lo emplean con total naturalidad

 cuando les pedimos que respondan en el idioma sajón. 

Pero, lo más asombroso es contemplar a nuestros niños "digitales" usar el ordenador, 

nuestro móvil o los videojuegos con la destreza de un experto.

¿Cómo funciona la mente de los niños en el aprendizaje?

El funcionamiento tan óptimo de la mente de los niños, sobre todo, en la etapa de los 0 a 3 años, se debe al juego de las interconexiones neuronales. Hace tiempo que se determinó que la inteligencia de una persona no se medía tanto por la cantidad de neuronas que poseía el cerebro sino por la cantidad de interconexiones neuronales que tenía. Sin embargo, cuando esta etapa concluye los métodos de aprendizaje entran en juego.
Y esto es precisamente, lo que ha descubierto una nueva investigación sobre la capacidad de aprendizaje de los niños. El estudio revela que los bebés y los niños pequeños aprenden poniendo a prueba hipótesis, analizando estadísticas, haciendo inferencias causales, observando lo que ocurre y llevando a cabo experimentos. En otras palabras, en la revista Science, los investigadores de la Universidad de California, en Berkeley (EE UU), explican que los niños en sus juegos e interacciones con otros niños suelen utilizar razonamientos científicos. Esta teoría se ha comprobado con una serie de experimentos con máquinas que reproducían música, que los niños no habían visto nunca. Para hacerlas funcionar, los investigadores observaron que primero planteaban hipótesis sobre cómo accionar los aparatos y a continuación averiguaban cuál de ellas era la más adecuada.
Si vamos un poco más allá, podemos hacer otra lectura de esta forma de aprender a través de la experimentación. Es preciso que para que los niños saquen sus propias conclusiones, tengan libertad para hacer sus ensayos, es decir, en lugar de decirles cómo se hace, aprenden más si lo descubren por sí mismos. La experimentación intuitiva permite a toda la humanidad, desde edades muy tempranas descubrir las causas y los efectos que hay detrás de lo que sucede a nuestro alrededor mejor que cualquier otro método.

Este estudio debería encender las alarmas del tradicional sistema de enseñanza, totalmente dirigido, donde a penas se experimenta y los cauces de aprendizaje están totalmente dirigidos. Un niño aprende poniendo a prueba sus habilidades, los hábitos y actitudes de los que lo rodean y su propio mundo. Un niño aprende más por el método de prueba y error, por medio del placer antes que del dolor, a través de la experiencia antes que de la sugerencia, y por la sugerencia antes que por la orientación.
No obstante, los padres somos los primeros que podemos empezar a cambiar. ¿Cómo? En primer lugar, recuerda que tu hijo no te escucha, te mira y aprende también por medio del afecto, del amor, de la paciencia, de la comprensión, de la posibilidad de hacer y de ser. Por este motivo, puede resultar más constructivo y al mismo tiempo más educativo para los niños contestarles, en lugar de informarles, acompañarles en lugar de llevarles, mostrarles el peligro sin atemorizarles y prepararles un clima de estudio en lugar de mandarles estudiar, entre otras cosas. 

jueves, 14 de enero de 2016

JUGANDO EN FAMILIA...CREANDO VÍNCULOS: ¿Sabemos jugar con nuestros hijos?

Jugar con niños entre dos y seis años es un reto al que muchos adultos no saben enfrentarse. Ya no son los bebés a los que cualquier carantoña les hacía felices, ni tampoco chavales que ansíen entrar en nuestro mundo de adultos. ¿Cómo introducirnos en su mundo de fantasía, donde impera una lógica aplastante, pero tan radicalmente distinta a la nuestra?
La respuesta es tan sencilla como ésta: volviendo a ser niños. Sólo -si hacemos un esfuerzo de abstracción, y nos ponemos en el lugar de nuestro hijo podremos entender que ese mundo imaginario, tan sorprendente y creativo, es el más real para el niño... y que también nosotros estamos llamados a introducirnos en él.
¡Qué rico es!
Durante los primeros meses de vida resulta muy fácil divertir y hacer disfrutar al bebé con cualquier carantoña o voltereta que surja por nuestra propia iniciativa. Basta guiñarles para que se sientan objeto de atención, y se sientan felices. Durante este periodo, lo habitual es que ningún adulto tenga problemas para entretener durante horas al niño, porque aún puede dirigir su juego. El niño aún no tiene autonomía para hacer nada, y se deja llevar y traer, fijando su atención alternativamente en lo que le rodea. Todo le interesa y, por lo tanto, cualquier demostración de interés o cariño por nuestra parte es bien recibida.
La edad de la razón
Más tarde, a partir de seis u ocho años, cuando ya tiene uso de razón y podemos tratarle como a un pequeño adulto, también nos resulta relativamente fácil jugar con él, compitiendo en una partida de damas, solicitando su colaboración para hacer una tarta o llevándonoslo al fútbol. La razón de este acercamiento, sin embargo, no radica en el esfuerzo de los padres, sino en la madurez de los hijos, que comienzan a entrar en el complejo mundo de los adultos y toman ya partido en sus intereses: los niños hablan de marcas de coches, las niñas de modas, etc. Son ellos quienes están entrando en la realidad de los adultos y, aunque necesiten de nuestra ayuda para ello, el esfuerzo es más suyo que nuestro.
Un mundo de fantasía
Sin embargo, entre dos y seis años... no resulta tan sencillo jugar con ellos. Durante esta etapa de su desarrollo, el niño necesita jugar, como medio de expresión, aprendizaje y desarrollo. El juego es algo muy serio para él, es la vía para canalizar sus dudas, sus preocupaciones, su curiosidad... y, por lo tanto, puede tomar los derroteros más insospechados. Tan pronto le encontraremos sumido en las cavilaciones de un ladrón "bueno", como haciendo que la muñeca entre en la casita volando por la ventana... ¿Qué le hará pensar que las cosas son "así"?
En realidad, su mundo es distinto del de los adultos, porque las posibilidades que le brinda la imaginación son mucho más creativas e inesperadas que las que ofrece la realidad de cada día. Pero aún queda un rasgo esencialmente característico del juego de nuestros hijos: su interés por todo lo que les rodea, que se refleja en el juego y que les impulsa a construir una realidad más "lógica", también les impulsa a invitarnos a compartirla con él.
¿Cómo jugar con ellos?
A cualquier adulto que se plantee jugar con un niño de esta edad pueden serle de utilidad estas cinco ideas básicas: - SENTIRSE PARTICIPANTE. Si se considera como un mero espectador, no podrá entender el juego y, mucho menos, correr con un despertador en la mano y gritando "tengo prisa, tengo prisa", para que su hijo-le persiga junto a Alicia por el País de las Maravillas.
Ponerse a su altura
Lo que supondrá más de una vez tirarnos en el suelo, "comer" sopa de agua con una cuchara de l0 centímetros... y creernos de veras que somos el lobo o la hija de la muñeca.
Respetar su tiempo de juego con nosostros
Este debe tener un hueco inamovible en nuestro horario. Aunque se restrinja a la media hora antes de dormir, hay que convertir ese rato en una aventura intensa donde no haya sitio para las prisas ni para ninguna otra preocupación que los lazos de los Barriguitas, o saber cómo llegará el camión de Policía al repecho de la ventana.
Ayudarles a ejercer su libertad y creatividad
Permitiendo que sean ellos los protagonistas del juego y sin obstruir su habilidad de pensar. Deben ser ellos quienes dirijan el juego y determinen si el camión de bomberos va a salvar un gato o a sofocar un incendio, qué se pone la muñeca para ir de paseo... Otra cosa distinta es que podamos darle ideas, opciones, resolver dudas, proponer pautas..., pero sin coartar su expresividad y creatividad.
Entrar en su mundo
Y dejarse arrastrar por su lógica infantil, sin perjuicio de poder aportar ideas y pautas que el niño pueda utilizar. Pero lo importante es que sea el adulto el que se adapte al juego del niño, y no pretenda que éste salga de él, para acomodarse a la realidad de los mayores. Aquí habrá que hacer un esfuerzo de abstracción. Sólo con ella podrá el adulto entender la lógica aplastante que -siempre- contiene el juego de su hijo.
Papá y mamá
Por otra parte, también debemos tener en cuenta que los padres juegan de forma distinta a como lo hacen las madres. Así, mientras ellas tienen mayor facilidad para comer en cazuelitas de 2 cm de diámetro, para ellos es más sencillo tirarse al suelo a cuatro patas y fingir que es un lobo, o ponerse unas plumas en la cabeza para hacer "el indio". Sin llegar a esfuerzos que resulten artificiales, ante los cuales el niño recibiría una impresión negativa, sería bueno que el padre intentara también introducirse en su mundo de juegos. Durante estos años intermedios, la presencia de ambos es muy importante para el desarrollo de su hijo.

No importa que de ocho de la mañana a cinco de la tarde el papá haya estado ensimismado en las finanzas de su empresa o que la mamá hay tenido que defender la más importante negociación con un proveedor de la suya. Lo que su hijo necesita por la tarde, de siete a ocho, es que se conviertan alternativamente en lobo, en capitán de artillería y en cliente del puesto del mercado. Nada más y nada menos.
Carmen Bassy.

lunes, 28 de diciembre de 2015

Juegos para los viajes con niños.


Juegos tranquilos para los viajes:

Los pequeños no perciben el paso del tiempo como los adultos y cinco minutos sentados en su sillita, sin ver nada más que coches a su alrededor, no les gusta nada. Para evitar que ellos se aburran y que vos te desesperes, puedes poner en práctica alguna de estas propuestas:



1. Carrera de gotas

Este juego es el ideal para los viajes en días de lluvia. Cada jugador apadrina una de las gotas de agua que quedan pegadas al cristal y van escurriéndose hacia atrás. La gota más rápida hará ganar a su padrino. Es conveniente marcar el punto de salida y la meta. A partir de 4 años.

2. Contar un cuento

Un adulto da las pistas clave: objetos, personajes, lugares... Los niños deben crear una historia organizada que contenga todos los elementos que les han dado. Una forma estupenda de enseñarle a inventar un cuento.A partir de 4 años.

3. Veo veo

Uno formula la frase mientras piensa en algo que está viendo constantemente durante el trayecto: “Veo, veo”. Otro pregunta: “¿por qué letra empieza?”. El primero contesta y los demás deben adivinar en qué está pensando. A partir de 5 años.

4. Revista viajera

Hay que hojear una revista y observar por la ventanilla para encontrar objetos como los que aparecen en las fotografías. Cada uno pone su señal encima del objeto que encuentre y gana el que más señales tenga al pasar 10 minutos. A partir de 5 años

5. La casa de San Juan

Alguien robó pan en la casa de San Juan y como nadie sabe quién, todos van acusándose unos a otros mientras cantan:
Todos: “Félix robó pan en la casa de San Juan.”
Félix: “ ¿Quién yo?”
Todos: “Sí, tú.”
Félix: “Yo no fui."
Todos: “¿Entonces quién?"
Félix: “Marta.”
Todos: “Marta robó pan en la casa de San Juan...”
Este juego es especialmente divertido en el autobús debido al número de participantes. A partir de 5 años.

6. Responda otra vez

Consiste en adaptar el famoso concurso de televisión –1, 2, 3– en el que el presentador pide que los concursantes –agrupados por parejas o individualmente– enumeren objetos, clases de animales, nombres de lugares... Y así elaboran una lista hasta que se equivoquen o repitan respuesta. Tras unas cuantas rondas, ganará la pareja o el niño que más respuestas acertadas tenga. A partir de 6 meses.

7. El código de sonidos

Consiste en contar una misma historia por turnos. El primero que cuenta sustituye una palabra por un sonido. El siguiente debe contar la historia con ese sonido cada vez que aparezca la palabra a la que sustituye y añadir otro sonido en lugar de otra de las palabras. Y así hasta que la historia sea un conjunto de sonidos que sólo los “peques” pueden descifrar. A partir de 7 años.

8. La frase más larga

Uno dice una palabra. El siguiente repite esa palabra y añade otra. El tercero repite las anteriores y añade otra más. Y así hasta que se forme una frase con elementos del paisaje. Hay que ser rápido en añadir palabras y así, cada frase que surja será de lo más disparatada. A partir de 8 años.
9. Poesía en movimiento
El primero pregunta: "¿Qué metemos en la nevera?" Por turnos, todos van contestando cosas que rimen. Por ejemplo: tres kilos de peras. Cuando ya no se les ocurra nada más o menos coherente, se vuelve a formular la pregunta cambiando el recipiente. A partir de 7 años.

10. Palabras encadenadas

Uno dice una palabra para que el siguiente diga otra que empiece por la última sílaba de la anterior. Si al siguiente no se le ocurre ninguna, queda eliminado. El juego se acaba cuando sólo queda un niño sin eliminar. A partir de 6 años.

MÁS JUEGOS!!!
1. Haciendo el equipaje
Este juego desarrolla su creatividad y está indicado para pequeños a partir de 4 años. El adulto dirá: “¿qué llevamos en la maleta?” y el niño irá diciendo todos los objetos que se le ocurran y que rimen con ella, por ejemplo “una raqueta, una piruleta, una paleta...” Después puedes preguntarle qué lleva en su mochila, en su saco o en su equipaje.

2. La lista de la compra

Para mejorar la memoria de niños desde 4 años. Tú empiezas diciendo: “fui al mercado y compré huevos”. Cada jugador debe ir añadiendo un producto, mencionando todos los que han dicho en las rondas anteriores: "fui al mercado y compré huevos, sal, pan, leche..." ¡Vuestra lista puede ser interminable!

3. 1, 2, 3

"Por una gominola, caramelo de goma,  la respuesta acertada, enumere provincias españolas como por ejemplo, Palencia. 1, 2, 3, responda otra vez." Como en el programa de televisión, no vale repetir respuestas ni decir "paso".

4. El juego de las canciones

Uno de los ocupantes del coche enuncia una palabra, por ejemplo, "amor" y el resto debe ir cantando canciones que la contengan por turnos. Si los niños aún son muy pequeños, podéis ampliar el repertorio con melodías que hablen de animales o que tengan nombres propios.  

5. La palabra encadenada

Si tu hijo ya tiene seis años, puedes intentar que asocie palabras que acaben y empiecen por la misma sílaba. Si tú dices “tetera”, él tiene que citar una palabra que empiece por “ra”, por ejemplo “rata”; el siguiente por “ta” como “tapón”, y así sucesivamente. El que repita una palabra, pierde.

6. Cifras y letras

Las matrículas de los coches encierran un sinfín de juegos. Pídele que te diga una palabra que contenga las letras de la matrícula del coche de delante, o una frase en la que cada palabra empiece por cada una de las letras. Por ejemplo, si la matrícula es CDN, puede decir “cadena” o “Carlos dijo: ¡nunca!” ¿Y los números? Ve pidiéndole que sume y reste sus cifras para que repase sus lecciones de matemáticas.

7. Ni sí, ni no

 Un divertidísimo juego de preguntas en que está prohibido responder “sí” y “no”. El que lo haga, pierde.

8. Veo, veo

Todo un clásico muy divertido para los viajes en coche, ya que combina la diversión de las canciones con el paisaje que vais viendo. Si quieres darle un toque educativo, haz que averigüe palabras sobre las que puedas explicarle algo después. Recuerda la cancioncilla: "Veo, veo." "¿Qué ves?" "Una cosita." "¿Y qué cosita es?" "Empieza por la (letra). ¿Qué será, qué será, qué será?"

9. Trabalenguas

Anímale a repetir un difícil trabalenguas e inténtalo tú con él. Si ve que tú también te equivocas, aunque sea aposta, las risas estarán aseguradas. Después podéis probar con chistes o poniendo a prueba su ingenio con alguna pregunta absurda o adivinanzas.

10. Canciones

¿Te acuerdas de las canciones que tú cantabas cuando ibas de vacaciones? El auto de papá, de Los payasos de la tele; vamos a contar mentirasJuan robó pan o la simpática historia de la sardina y el gato que se apostaron la manera de meterse en un zapato. Y, si no os apetece cantar, buscad un disco con canciones infantiles y dejadle que sea él quien os deleite con un concierto sobre ruedas.

11. Una peli

Instalar un DVD portátil puede ser una buena solución ya que una película dura más de una hora, en la que estará entretenido.