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lunes, 25 de noviembre de 2019

La ayuda Pastoral y la Formación Espiritual del Niño

Maestros de Niños – La Ayuda Pastoral y la Formación Espiritual del Niño-Parte 1.


En una ocasión, una maestra amiga vivió una situación triste.
—No sabía qué hacer o qué decir —me comentó muy turbada—. Fui a visitar a esos tres niños que acababan de perder a su ma­dre por un cáncer. ¡Nunca me sentí tan in­útil!
—¿ Y al final qué hiciste? —le pregunté. —Los abracé a los tres —dijo— y lloré a la par de ellos. Pero los tíos me retaron y me dijeron que los niños no necesitaban de eso. ¡Casi me echan de la casa! Me fui de allí muy mal. Me queda una sensación fea, como que fracasé con ellos.
Yo traté de darle a mi amiga otra pers­pectiva con relación al incidente que había vivido.
—¿ Qué te parece que hubiese hecho Je­sús con esos niños? —le pregunté.
Se quedó mirándome y luego me contestó que seguramente Jesús hubiese sabido per­fectamente cómo consolar mejor a esos tres niños angustiados.
—Puede ser —le dije—, pero creo que hubiese hecho lo mismo que tú hiciste. Creo que él los estaba consolando de la mejor manera a través de tus abrazos y tus lágrimas.
Nos cuesta pensar en un Jesús humanizado con respuestas sencillas a la vida. De alguna forma, nos parece que Jesús siempre respondía a las circunstancias de la vida de un modo perfecto, sin ninguna duda. Nosotros, que no sabemos qué hacer o qué decir en ciertas circunstancias, llevamos un sentido de culpa por no tener las respuestas a circunstancias difíciles. Por eso elaboramos enormes distorsiones en el concepto de Dios y se las transmi­timos a los niños.
Las distorsiones solamente se pueden corregir mediante la fe sencilla y natural de personas que aman a Dios y han aprendido a amar a los niños. Mi amiga estaba mostrando el amor de Dios a esos pequeños niños en medio de su desolado dolor. Sus abrazos y lágrimas para con ellos eran un reflejo de la misma actitud que el Señor demostró cuando lloró por la muerte de su amigo Lázaro y por el dolor de sus familiares y amigos.
Quizá uno de los elementos más importantes del ministerio pastoral a los niños es el que ilustra este pequeño incidente que he relatado. El cuidado pastoral aprovecha cada oportu­nidad que se nos presenta como un elemento más en la formación espiritual del niño.
La enseñanza que recibe en la clase es una sola parte de lo que llamaríamos su «formación espiritual». Por supuesto, el entorno familiar debería contribuir, más bien, debería ser el fundamento de esta formación. Pero como esto no se da en la mayoría de los hogares, aun en aquellos donde los padres son cristianos, el maestro debe jugar un papel decisivo en la formación espiritual del niño.
El nivel de influencia que ejerce el maestro dependerá en dos cosas: de la relación afectiva que tiene con el niño y de su comprensión de las maneras de guiar al niño en desarrollar su relación con Dios.
 La Necesidad de la Relación Personal con Cristo.
Para poder recibir una ayuda pastoral plena, el niño debe conocer a Cristo como su Salvador personal. Esto no es una condición para hacer diferencias en el trato con los niños. Pero no se puede hablar de formación espiritual sin el compromiso inicial de fe en Cristo como Salvador. Esta experiencia afecta el alcance de lo que se puede lograr con la ayuda pastoral al niño. Por eso los encuentros con los niños son momentos especiales para presen­tarles el plan de salvación y darles la oportunidad de tomar sus primeros pasos hacia un conocimiento personal del Señor.
Hay muchas maneras de presentar el plan de salvación a la niñez. La inmensa variedad de caminos a través de los cuales las personas llegan a Dios hace imposible fijar una sola fórmula que deba aplicarse para toda persona como pasos inalterables en la decisión de fe. La individualidad del niño es tan absoluta como la del adulto, y no debería ser ignorada por esquemas presuntamente aplicables a todos. No obstante, el niño debe entender en alguna medida ciertas verdades básicas para aceptar a Cristo como su Salvador.
Extracto del libro “Más Que Maestros”
Por Betty S. de Constance.

jueves, 27 de octubre de 2016

Personalidad de un maestro creativo.


El papel primordial del maestro es manejar el proceso enseñanza-aprendizaje, pero también le corresponden otras funciones de liderazgo y de administración: debe liberar el potencial de los estudiantes, dirigir al grupo (organizar, coordinar, motivar, integrar, recompensar), representar a la institución y ser factor de cambio.
Por principio de sentido común, para que pueda comprender los impulsos creativos, valorarlos y propiciar un clima favorable a la creatividad, el maestro debe ser, de alguna forma, creativo. Hay que puntualizarlo más: no basta con que sea un expositor creativo o un artista. Interesa que sea creativo en tanto maestro, es decir, en cuanto a formador de personas.

Rasgos de personalidad del maestro creativo:
Una clara, asimilada y muy positiva imagen de la naturaleza y de la grandeza de su misión. Porque ser maestro es una misión, no una ocupación. Fácilmente es creativo el maestro satisfecho y contento de estar en el campo educativo.
Capacidad y hábito de individualizar a sus estudiantes, es decir, tratarlos por sus nombres. La relación humana interpersonal es el mejor tónico para el crecimiento de las personas. Fe en los estudiantes: como personas y como grupo; con el corolario natural de tenerlos en cuenta en las programaciones y de contar con ellos para las decisiones.
Sensibilidad a toda clase de sentimientos, tanto los propios del maestro como los de los estudiantes. Recordemos que gran cantidad de factores emotivos operan y se involucran en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Manejo artístico de la comunicación verbal y no verbal.
Apoyo emocional. Actúa como reforzador de la autoestima en los alumnos a través de la vivencia del éxito. En el accidentado camino del "ensayo y error", el estudiante necesita conservar la fe en sí mismo, la disposición de volver a intentar, exponiéndose a fallar. Sin una buena dosis de autoestima hará lo contrario.

Seguridad en la incertidumbre. La vida de un grupo de estudiantes conoces momentos de frustración, de tensión y perplejidad. Y el maestro es el líder nato, el capitán del barco. Una sana seguridad es plataforma indispensable para mantener elevados los niveles de productividad del grupo.
Docilidad al aprendizaje. El maestro creativo está siempre dispuesto a aprender: en todas las áreas, todos los días, de cualquier persona y a partir de cualquier situación. No se avergüenza de confesar que no sabe muchas cosas ni de pedir ayuda para saber…
5. Los buenos maestros pertenecen a comunidades de aprendizaje
Los buenos maestros contribuyen a la eficacia (calidad de los procesos) de la escuela trabajando colaborativamente con otros profesionales en políticas educativas, desarrolladores de currículum y sus colegas. Pueden evaluar el progreso de su escuela y la ubicación de los recursos de la escuela iluminando la comprensión de sus objetivos educativos generales y locales. Son conscientes de los recursos específicos, escolares y comunitarios, que pueden ser empleados para beneficio de sus estudiantes, y son diestros para usarlos cuando se necesitan.  Los buenos maestros encuentran formas de trabajar colaborativa y creativamente con los padres, comprometiéndolos productivamente en el trabajo de la escuela Dominical. 

ELABORADO  POR: EL  PASTOR  DANIEL   ECHEVERRÍA Iglesia Fuente de Amor.

martes, 26 de abril de 2016

Cualidades de un Maestro Bíblico de Niños...


Como ejemplo incomparable en esta tierra, tenemos al Señor Jesucristo que fue llamado "maestro" unas 60 veces en las escrituras (raboni)  Mateo 8:19 y Marcos 9:38. Aunque Jesús fue conocido como sanador de las multitudes, los Evangelios nos relatan en detalle el ministerio principal que el tuvo, como los fue el enseñar las cosas de Dios. A través de las parábolas, historias, ejemplos y a veces enseñanzas duras y difíciles, Jesús enseñaba a las gentes continuamente en el Templo, en los Campos, por el mar, andando por el camino.
Es interesante notar que uno de los requisitos de un líder en la iglesia es la habilidad de enseñar (1Timoteo 3:2). La Biblia habla también del don o ministerio de la enseñanza (Romanos12:67, Efesios 4:11) y les da lugar de importancia a los maestros entre los demás ministerios.

 REQUISITOS DE UN MAESTRO CRISTIANO
- Debe tener una relación personal con Cristo Jesús.
- Debe vivir la vida cristiana en obediencia a la palabra de Dios. No puede vivir en abierto desacuerdo con los principios bíblicos.
- Debe ser sensible, tierno e interesado en las necesidades de los otros.
- No debe temer el trabajo duro, ya que la enseñanza requiere horas de preparación y estudio, además del desgaste emocional y espiritual al enseñar.
- Debe ser creativo con ideas originales, y saber buscar ideas de otras fuentes. Debe ser capaz de adaptar las lecciones a los alumnos con pensamientos nuevos.
- Debe tener una actitud positiva y entusiasta. El carácter del maestro influye en la enseñanza. No debe ser demasiado pasivo ni pesimista.
- Debe ser persona con autoridad. Esa cualidad puede desarrollarse cuando hay una auténtica convicción de que estamos ocupados en un ministerio espiritual importante. La inseguridad es lo que hace perder sus cualidades de líder a muchas personas.

Ser maestro de la palabra de Dios, es el mayor privilegio que se puede gozar. Significa estar íntimamente vinculado al Maestro por Excelencia, nuestro Señor Jesucristo, ya que gran parte de su ministerio comprendía la enseñanza. Él delegó poder y autoridad a sus seguidores para que continúen esa labor.
Y les dijo: "Id por todo el mundo y predicar el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado será salvo; más el que no creyere, será condenado." Marcos 16:15-16.
"Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra." Hechos 1:8.
Dios ha puesto sus ojos en los maestros, y ese deseo de enseñar que brota desde lo profundo de su ser, no es sino un llamado del Señor.
Él necesita de usted para la educación de sus "joyas", los niños y las niñas que el tanto ama. Sus inmortales vidas representan gran valor. Jesús murió por cada uno de ellos en la cruz. No derramó su preciosa sangre, en precio de rescate, solamente por los adultos, sino que también lo hizo por los niños.
La vida de un niño se puede comparar a una hoja de papel en blanco. Cada persona que pasa por su lado, escribe algo en esa hoja.
Al llamarle para ser maestro, Dios dispuso que usted ayuda a otros seres humanos a aprender. No importa cuán grande o cuán pequeño sea a quien enseñe, siempre estará centrado alrededor de tres factores:
bulletEl Maestro
bulletLa Lección
bulletEl Alumno

 EL MAESTRO Y SU EXPERIENCIA CON DIOS
No se pueden compartir experiencias que no se hayan vivido. Teóricamente el maestro puede explicar muchas cosas, pero, solamente puede impactar en la vida de sus alumnos cuando respalda la teoría con experiencias personales.
Para el maestro cristiano, el nuevo nacimiento es su primera y gran experiencia con Dios. Para poder enseñar, tiene que ser salvo y lavado de sus pecados por la sangre de Jesucristo y debe haber obedecido plenamente el mandato en Hechos 2:38: "Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo"
Es sumamente importante ser lleno del Espíritu Santo. Hay tantas cosas que quieren ocupar lugar en nuestro interior y nos invaden, a menudo, pensamientos de diversa índole, mayormente negativos. Por ello, necesitamos la llenura del Espíritu Santo, para que las cosas del mundo no hallen cabida. El egoísmo, la envidia, la hipocresía, y tantos más, tendrán que dar media vuelta a la puerta del corazón, pues ya estará ocupado por el Espíritu del Señor.
El maestro que abre su vida al Señor, producirá el fruto del Espíritu Santo y podrá respaldar su enseñanza con experiencias reales. Me duele decir que, hay muchos maestros que enseñan la Biblia, sin gozar de una relación personal con Dios. Son "ciegos guías de ciegos", como lo expresa Jesús en Mateo 15:14 como resultado, tanto el maestro como sus alumnos, caen en el hoyo.
Pablo podría afirmar: "Yo sé en quien he creído" (2 Timoteo 1:12). Esa firme fe en el Señor y S Palabra, debe caracterizar a cada maestro; no sólo delante de sus alumnos, en un día domingo, sino cada día de la semana y en cualquier situación o lugar. Jesucristo dijo: "Vosotros sois la luz del mundo, una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos." Mateo 5:14-16.

 LO QUE EL MAESTRO DEBE HACER
- Leer y estudiar continuamente la Biblia y las fuentes que le ayudarán a ser mejor maestro.
- Debe preparar su lección cada semana dedicando el tiempo necesario para que ser parte de su propia vida y se adate a las necesidades de sus alumnos.
- Debe llegar a tiempo para cada clase y procurar que los alumnos hagan lo mismo. Es una responsabilidad concreta, y al no hacerlo, demuestra que no considera importante la labor de enseñar.
- Debe orar por sus alumnos durante la semana. Recordar sus necesidades y también visitarles de vez en cuando. La relación personal maestro-alumno es importantísima.


 MÉTODOS DE ESTUDIO PARA EL MAESTRO
- Busque un lugar tranquilo para estudiar.
- Reúna todos los materiales de estudio para luego no interrumpir el estudio.
- Escoja una hora del día cuando su mente esta activa y alerta.
- Este cómodo: Tenga mesa y silla, suficiente aire y luz.
- Sea disciplinado: No espere inspiración para estudiar, hágalo como hábito para el Señor.
- Prepare la lección con tiempo: El estudiar a última hora resulta en mala preparación y perder los resultados deseados en los alumnos.
- Alterne su actividad: Lea la porción bíblica, luego ore por los alumnos, estudie mapas y comentarios, memorice el texto principal (áureo) y practique el uso del material visual.


 METAS QUE DEBE TENER EL MAESTRO
- Que el alumno aprenda la lección, que la entienda.
- Que el alumno guarde las verdades bíblicas en su mente y corazón.
- Que la vida del alumno sea transformada como resultado de la enseñanza.
- Que las necesidades espirituales del alumno encuentren respuesta a través de las lecciones.
- Que el alumno llegue a ser investigador incansable de la Palabra de Dios, buscando siempre profundizar en la verdad y su relación con la vida humana.
- Que el alumno llegue a tal nivel de motivación que sea un maestro para otros también.


MANERAS DE PREPARAR LA LECCIÓN
- Una limitada preparación: Sólo lee la porción bíblica y el manual del maestro.
- Una mejor preparación: Estudia para la lección tomando notas y consultando libros de referencia.
- Una buena preparación: Apunta ilustraciones personales y explicaciones que se relacionan con la vida de los alumnos.
- Una excelente preparación: La lección inspira y cambia aún al maestro, y como resultado la lección es enseñada con unción y poder del Espíritu Santo.


 LA INFLUENCIA DEL MAESTRO
Como maestro, debe reconocer la influencia que su vida ejerce sobre los alumnos. Ante ellos, usted es un representante de Jesús, y lo que ellos le vean hacer, guiará, en gran parte, del destino de sus vidas. Trate de ejercer sobre ellos una influencia positiva.
El maestro enseña un poco por medio de lo que dice, algo más por medio de lo que hace, mucho más por medio de lo que es.
La vida y la personalidad del maestro es la lección más poderosa que puede enseñar. No son, en primer lugar, las elocuentes palabras que influyen en el niño, sino la vida santa del instructor: una vida entregada de lleno al Señor Jesús.

 EL DESEO DE APRENDER
Lo más importante en la vida del maestro no es enseñar sino aprender, y ¡aprender de Jesús! Por cierto, debe leer y estudiar buenos libros, conocer de pedagogía y tratar de mejorar sus métodos de enseñanza, pero lo primordial es que aprenda de Jesús mismo, por medio de una vida de íntima comunión con él. Él es el Maestro por Excelencia y nadie nos pude enseñar mejor.
Para aprender hay que estudiar; en este caso, la Biblia, pero también otra buena literatura. El conocimiento no es una carga pesada y el tiempo dedicado al estudio, nunca es tiempo perdido.

LA SINCERIDAD DEL MAESTRO
La vida del maestro necesita ser transparente como la luz. Debe poder decirse de él, lo mismo que Isaías profetizó respecto a Jesús: "... ni hubo engaño en su boca" (Isaías 53:9).
Jesús fue sincero con sus seguidores. Día tras día, ellos compartieron con él la abundancia y la escasez, la alegría y el dolor, la aclamación de los admiradores y las burlas de los enemigos. Ellos lo conocieron en la intimidad del hogar y entre grandes multitudes, y nunca lo vieron actuar con hipocresía.
Los hechos y las palabras de los maestros deben ser como Pablo dijo "Con Cristo estoy crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí..." (Gálatas 2:20).

 COMUNIÓN CON DIOS
Para vivir una vida ejemplar y fructífera, es indispensable desarrollar una diaria e íntima comunión con Dios por medio de la oración y el estudio de su palabra.
La Oración es el medio por el cual podemos experimentar milagros en nuestra vida. Para el maestro es importante orar como un niño, orar por un niño, orar con un niño.
Jesús dijo: "Si no os volvéis y os hacéis como niños..." (Mateo 18:3). Los niños son sinceros, humildes y dependientes, ya que todavía no han descubierto, lo que en el mundo adulto es tan conocido, las dudas. No es suficiente orar como un niño, sino necesitamos también orar por los niños. Pida por cada uno de sus alumnos, para que ellos puedan poner sus jóvenes vidas en manos de nuestro poderoso Señor  Jesús.
Al ser constante en la oración por sus alumnos, usted como maestro, no tardará en experimentar el gozo de orar con un niño. No hay mayor felicidad. El estudio de la palabra va mano a mano con la oración. Por medio de la oración el maestro habla con Dios. Por medio de la lectura de la Palabra, el maestro ofrece a Dios una oportunidad de hablarle.


 COMUNIÓN CON LOS HERMANOS
Como hijo de Dios y maestro cristiano, usted forma parte de una gran familia. Y tiene hermanos en cada país del mundo, ahora le toca aprender a vivir en paz con aquellos que están cerca a usted.

Jesús habló acerca de los más grandes mandamientos: El amar a Dios sobre todas las cosas, y el amar al prójimo como a sí mismo (Mateo 22:37-40). También nos dio un mandamiento nuevo: "Este es mi mandamiento; Que os améis unos a otros, como yo os he amado." Juan 15:12. El maestro necesita tener disposición para trabajar lo mismo que tuvo Jesús. Tiene que saber que está realizando una labor que producirá fruto para la eternidad. 

sábado, 2 de abril de 2016

Maestros en la vida real:

LA MOTIVACIÓN
Suena el despertador y salto de la cama. La noche fue buena, pero me acosté un poco ansiosa pensando en el encuentro de hoy. Es miércoles y desde hoy iniciamos un encuentro con algunos maestros. La idea es capacitarnos, compartir experiencias y seguir aprendiendo sobre lo que nos apasiona, la educación cristiana. 
Descubro que es un día hermoso. El sol se asoma por las hendijas de las ventanas. No hace calor, es un clima templado y corre una brisa fresca. Me cambio y en pocos minutos estoy lista para salir. ¿Desayunar? No, el desayuno será juntas, en la cocina de mamá, que es el lugar del encuentro. Me apuro, ahí me espera un delicioso café con unas galletas recién horneadas. No hay nada más rico que un buen café por la mañana. Aunque algunos me critican por agregarle leche y azúcar.
Estoy en camino. Llevo la Biblia, un cuaderno y una cartuchera, en la que, como buena docente, hay un poco de todo (bolígrafos, lápices, marcadores varios, goma de pegar, cinta adhesiva, algunos clips, pañuelos de papel y algunos accesorios para el pelo). Llego, estaciono el auto y bajo.
El lugar para el encuentro está tal cual lo esperé: el mantel, las tazas, las galletas aún calientes, y unas medialunas que parecen irresistibles.
Por las ventanas entra una brisa suave que refresca el ambiente. Los maceteros llenos de flores que cuelgan en la ventana y los árboles de la calle le dan un marco especial de colores y aromas al encuentro.
Suena el timbre, es Bella. Bella es la más joven del grupo. Tiene 19 años. Está estudiando para maestra de niños preescolares. Es alegre y chistosa. Fue ayudante de la clase de 4 y 5 años y desde este año es la maestra de ese grupo. En unos segundos vuelve a sonar el timbre. En la puerta se encuentran Lucy y Anna. Lucy tiene 45 años, está casada y tiene tres hijos de entre 15 y 21 años. Con su esposo tienen un vivero y ella lo atiende. Es maestra de educación cristiana desde hace casi 20 años. Anna tiene 32, es soltera, profesora de inglés y está haciendo el traductorado. Conoció a Jesús hace cinco años. Sirve en el área de niños desde hace dos.
Nos estamos saludando y suena una vez más el timbre. Llega Grace. Grace tiene 28 años, está casada con Daniel y tiene un pequeño de año y medio. Es ama de casa. Antes que naciera su hijo trabajaba como recepcionista en un consultorio odontológico. Pide disculpas por la tardanza y nos cuenta que su mamá se había retrasado en llegar a su casa para cuidar a su hijito. Grace y Daniel son maestros de adolescentes. En su clase también ayuda Maxi, el hermano de Bella. Daniel y Maxi también están invitados a nuestro encuentro; pero sólo vendrán en algunas ocasiones, Daniel por su trabajo y Maxi por sus estudios en la facultad.
Todas hicimos un esfuerzo por llegar, estamos felices y entusiasmadas por lo que ese tiempo va a significar para nuestro ministerio y -¿por qué no?- para nuestras vidas.
Nos sentamos alrededor de la mesa. Todas elogiamos el rico aroma de los dulces y el café. No hay nada mejor que comenzar el día con un buen desayuno.
Conversamos, por momentos hablamos todas juntas, pero tenemos la habilidad de escucharlo todo. Nos reímos.
Después de una charla variada les pregunto por qué son maestras, por qué enseñan la Biblia a los niños. Por unos segundos se callan y piensan. Bella nos cuenta que le encantan los niños, por eso está estudiando para ser maestra. Anna nos dice que fue el primer ministerio en el que se involucró, una vez convertida. Grace dice que se habían sumado con Daniel al equipo porque se necesitaban maestros de adolescentes y ellos habían tenido esa clase en otra iglesia. Lucy está callada. Sin querer, las miradas de todas se fijan en ella. Bella le pide que cuente por qué está en el ministerio con los niños. Lucy empieza a hablar y nos dice que comenzó a trabajar con los niños hace muchos años. Nos cuenta que al principio tenía mucho miedo porque era algo muy nuevo para ella. Pero fue aprendiendo a dar clases y fue tomando confianza. Pasaron los años y tenía bastante experiencia en el trabajo con los niños, se sentía segura y disfrutaba servir a Dios en la enseñanza de los pequeños. Hizo una pausa y su voz se entrecortó al empezar a contarnos que después todo cambió. Ya no enseñaba con las ganas de siempre. Preparar las clases se había vuelto algo monótono. Pero seguía; no puede explicar por qué lo hacía. Quizá, nos cuenta, porque no había otros, o porque era lo que había hecho tantos años que no sabía qué otra cosa podía hacer o en qué otro ministerio podía estar. Nos confesó con lágrimas que estaba con los niños por costumbre, porque había estado con ellos siempre.
Como buenas mujeres, su historia y sus lágrimas nos conmovieron a todas. Anna la abrazó y le dijo lo mucho que había aprendido de ella en los años de inicio. Grace le confesó que el año anterior no había sido fácil organizarse con su bebé, pero que sus palabras la alentaron siempre y la había ayudado su experiencia como mamá, ya con hijos adolescentes. De una y de otra brotaron palabras de amor y de aliento para Lucy, quien se sentía profundamente desilusionada consigo misma. Cada frase y cada palabra de aliento fue “Palabra de Dios” para su vida, y poco a poco fue regresando su sonrisa.
Ahora te invito a contestar la misma pregunta: ¿Por qué enseñas a los niños? ¿Por qué quieres involucrarte en el área de adolescentes y jóvenes? ¿Qué es lo que te motiva a servir entre ellos?
Antes de comenzar el año, antes de dar una respuesta al pastor o al coordinador, antes de empezar un nuevo año en el servicio, debemos contestarnos esta pregunta con toda franqueza, delante del Señor.
Suele haber diversas motivaciones, que no siempre son las correctas. Ronald Held, en su libro Enseñanza que transforma (págs. 29-30), habla sobre el tema de las motivaciones de un maestro y menciona algunas que recreamos debajo.
Algunas motivaciones pueden ser:
  • Por el sentido del deber: “Tengo que estar, debo estar”.
  • Para apoyar el ministerio: “Porque no hay suficientes maestros”.
  • Por amistad o por hacer un favor: “Me pidieron, ¿cómo voy a decir que no?”
  • Por estar hace mucho y no saber cómo dejar: “Siempre estuve, siempre enseñé”.
  • Por el reconocimiento: “En la iglesia se estima a los que trabajan con los niños”.

No sé si te identificaste con alguno de estos motivos. En realidad todos son motivos incorrectos, porque están mal enfocados. Un verdadero maestro cristiano tiene un motivo más elevado por el cual dedicarse a la enseñanza: un amor profundo por el Señor y el deseo de agradarlo. Y es consciente de que tiene dones para la enseñanza, para el cuidado y pastoreo de las personas, porque desea ayudarles a crecer en la fe cristiana.
Con respecto a este tema, William Martin dice en su libro Fundamentos para el educador cristiano, pág.48: “El mejor enfoque es el de reconocer que Dios llama, Dios capacita y acepta la responsabilidad final por lo que ocurre. El papel del maestro es estudiar bien, prepararse cabalmente, enseñar de manera eficiente, evaluar con honradez, crecer de manera constante y orar continuamente para que Dios multiplique el esfuerzo humano.”
Si no podemos tener la convicción de que estamos en la enseñanza porque Dios nos ha llamado para eso… entonces dejemos lo que estamos haciendo.
Si no tenemos la seguridad de que ése es nuestro lugar de servicio... no nos anotemos.
Si no sentimos amor y pasión por nuestros alumnos… no nos enrolemos en una tarea que demandará todo nuestro ser.
 
Te vuelvo a preguntar: ¿Por qué haces lo que haces? ¿Por qué con los niños, por qué con los jóvenes? ¿Por qué en la enseñanza? ¿Es a eso a lo que el Señor te ha llamado? ¿Estás seguro? ¿Tienes la convicción que sólo viene de su Espíritu?
¡Cuidado! No estoy diciendo que no puedas sentir un poco de temor al asumir esta gran responsabilidad o que sientas inseguridad por cosas que aún no sabes o que tengas miedo por algunos aspectos del ministerio qué aún no conoces. Eso es normal, es parte del desa-fío, del llamado. Pero cuando el Señor llama y uno está en el ministerio adecuado siente paz, siente tranquilidad, porque tiene convicción de parte de Dios.
El famoso capacitador de líderes Maxwel dice que deben estar “las personas correctas en el lugar correcto”.
En cambio, cuando uno está sirviendo en un lugar al que no ha sido llamado por Dios, se siente desganado, sin ánimo para nada, fastidiado por la tarea, rápidamente cansado, sin paciencia y mal predispuesto. Si te sientes así, entonces no estás llamado para ser maestro de educación cristiana.
Dentro de la gran variedad de dones que el Señor ha dado, entiendo que uno los puede usar y desarrollar con diferentes personas (en cuanto a edades) y de diferentes maneras. Quizá tiempo atrás el Señor te había llamado al ministerio de enseñanza entre los niños o con los adolescentes, pero ahora no. Quizás hoy el Señor esté llamando a otro. ¿Por qué? Porque puede ser que seas necesario en otro servicio, en otro ministerio. No lo sé, se lo tienes que preguntar a él.
Entonces, si no estás plenamente motivado, si no tienes esa pasión que te hace NO mirar el reloj para ver cuándo vuelves a tu casa, si no sientes el compromiso del primer día… hermano, deja el lugar para otro.
Pero, si a la pregunta de por qué estás sirviendo en la enseñanza con niños o con jóvenes se te dibuja una sonrisa en el rostro, se te llenan los ojos de lágrimas al pensar en ellos, no puedes dejar de pensar en las cosas lindas que has planeado para ese año, oras y oras por tus alumnos, sientes un amor y una pasión por el servicio entre ellos que hace doler tu corazón… entonces no dejes de estar, no dejes de servir, no dejes de sumarte, no LOS dejes. El Señor te ha llamado a amarlos, a enseñarles, a pastorearlos, a ministrarlos… te ha llamado a ser Sus manos a favor de ellos en este tiempo. 
por Jessica Ibarbalz
Capítulo 1 del libro "Maestros en la vida real "

viernes, 25 de marzo de 2016

El cuidado pastoral del niño





El cuidado pastoral del niño

Ovejas sin pastor
En una ocasión estaba conversando con una de las directoras de un colegio privado cristiano y ella abordó el tema de las enormes necesidades emocionales manifestadas por los alumnos de su colegio, típico de los niños escolares del fin de siglo. La joven directora me dijo algo que me impactó.
—Yo veo al niño de hoy como un niño que está sólo —dijo—. Cuando trato de ayudarlo en consejería, me encuentro buscando cosas prácticas que él puede hacer solo para intentar a resolver su problema. Ya sé que no va a recibir mucho apoyo de sus padres o de otro medio.
Sus palabras me parecían un triste comentario sobre lo que ha llegado a ser una realidad en la vida de los niños de esta época. La fragilidad emocional de muchos matrimonios, viviendo en una sociedad que distorsiona los valores de la familia tradicional, dejan al niño expuesto y muy vulnerable. Muchos niños no tienen con quién hablar de sus cosas. Se encuentran muy solos enfrentando sus problemas cotidianos, además de las crisis traumáticas que a menudo deben enfrentar. Para los que trabajamos con la niñez, esta realidad se agrava cada vez más y nos deja perplejos ante la falta de soluciones para estos niños tan turbados. Lo cierto es que el niño de hoy enfrenta a un mundo que lo llena de tensiones, dudas y temores, y crea un estrés crónico por las posibles pérdidas, separaciones, y traumas que le toca vivir. No podemos negar que el núcleo familiar, que tendría que ser su refugio y fuente de seguridad emocional, se está desintegrando cada vez más.
Por si esto fuera poco, la sociedad actual sobrecarga al niño con una niñez sumamente acelerada. Le muestra pequeñas niñas modelos vestidas como seductoras. Lo insta a enamorarse y comportarse con el sexo opuesto como si fuera un adolescente o un joven. Lo obliga a asumir, como algo natural, actitudes de violencia contra el prójimo, instigado mediante programas televisivos creados supuestamente para niños, pero que contienen, según las encuestas, un promedio de veinticinco escenas de violencia por hora. Estudios realizados sobre los hábitos de los niños y la televisión comprueban que el niño mira un promedio de cuatro horas diarias de programas televisivos. Tenemos que reconocer, entonces, que este medio de comunicación ejerce una influencia incalculable sobre él.
Por otro lado, las crecientes restricciones económicas más el alarmante aumento en el desempleo crean tensiones en los adultos que a menudo se descargan sobre los niños. Una de las más tristes manifestaciones de esto es el abuso físico y sexual que sufren los niños y que, según las últimas investigaciones, está en aumento.
Además de las situaciones sociales que crean crisis en el hogar, el niño experimenta profunda ansiedad en cuanto a su persona. La vergüenza, la baja autoestima y la culpa, entre otras emociones, crean todo tipo de dolor emocional. Todo esto el niño lo vive como niño indefenso, sin saber cómo expresar o exteriorizar lo que está sufriendo. Nosotros, los adultos, tenemos la tendencia, algunos dirían la necesidad, de ignorar esta realidad en la vida de los niños, porque nos recuerda la angustia de nuestra propia niñez. Entrar en el mundo del dolor de un niño nos hace revivir la angustia de nuestro propio pasado y por eso tratamos de protegernos, ignorando que los niños con quienes trabajamos están viviendo esas circunstancias.
La tarea que enfrenta al maestro, entonces, es sumamente compleja. Un profesional me dijo:
—Un maestro hoy en día tiene que ser mucho más que un docente. Necesita ser un psiquiatra, un asistente social y terapeuta de familias. Ni hablar de lo que hace falta para tratar de mantener orden en el aula.
Estas realidades también están reflejadas dentro de la iglesia. Nunca ha sido fácil encontrar a suficientes personas para ser maestros de escuela dominical o para hacerse cargo de otros programas con los niños. Ahora es casi imposible reclutar voluntarios para estos ministerios. Un maestro de escuela dominical resumió acertadamente el problema con estas palabras:
—Los niños ahora son imposibles de contener. Me levanto los domingos totalmente desganada para ir y enseñar mi clase. Quiero dejar la clase, porque no doy más.
Estas reacciones confirman mi convicción de que debemos dedicarnos a otro tipo de trabajo con la niñez y la adolescencia de nuestras congregaciones. Ellos necesitan un cuidado pastoral para poder sobrellevar mejor la vida cargada que tienen. Podríamos decir que el énfasis tradicional de las iglesias evangélicas en cuanto al trabajo con los niños ha sido de ganar el mayor número para Cristo. Luego de que hayan tomado esa “decisión de fe”, los insertamos en el programa educacional de la iglesia, en donde reciben una enseñanza más o menos sistemática de la Palabra de Dios. Esa enseñanza consiste, principalmente, de la transmisión de información a través de las historias bíblicas y la memorización de textos. A veces, gracias a Dios, se forma una amistad significativa entre el maestro y alguno de sus alumnos, y a veces el maestro se entera de los problemas que pueden estar enfrentando alguno de sus chicos. Pero, por lo general, los maestros no ven como fundamental este aspecto del ministerio de la enseñanza. Tampoco tienen una capacitación ni herramientas para ayudar al niño que enfrenta problemas en su hogar. En cierto modo, nos podemos engañar al observar la naturaleza misma del niño, la que nos hace pensar que él no tiene necesidades espirituales y emocionales tan profundas ni urgentes como los adultos. Esa percepción la adquirimos porque él no sabe comunicar sus preocupaciones de la forma en como lo hacen las personas grandes. Por eso el adulto prefiere creer que el niño no está viviendo problemas o crisis importantes que pudieran afectar a su desarrollo espiritual.
En general la persona que trabaja en la enseñanza bíblica y en la formación espiritual de la niñez no es una persona instruida en lo que son los procesos evolutivos de los niños. Por lo tanto, no se entienden elementos fundamentales en cuanto a sus percepciones frente al mundo. Tratamos al niño como si fuera un adulto en miniatura y pasamos por alto la enorme complejidad de sus limitaciones, como también de sus amplias capacidades, especialmente dentro del contexto espiritual. En nuestro trabajo con ellos, generalmente bien intencionado, pero mal orientado, a menudo somos culpables de reflejar la descripción de la tarea pastoral que encontramos en Ezequiel 34.4 “No fortalecen a la oveja débil, no cuidan de la enferma, ni curan a la herida; no van por la descarriada ni buscan a la perdida.” Es que, cuando se trata de un niño, no sabemos pastorearlo adecuadamente.
El propósito de este libro es ofrecer una solución a ese problema. Más de treinta años de intenso trabajo con niños dentro del contexto de la iglesia evangélica me han convencido de que las personas que trabajan con la niñez en su formación espiritual son clave en la vida de la iglesia. En general, son poco tomados en cuenta y sus esfuerzos casi nunca reciben la inversión económica adecuada, pero su dedicación y sacrificio son admirables. Escribo especialmente pensando en esos maestros consagrados que desean hacer una labor excelente para el Señor. Creo que los recursos incluidos en este libro les darán un apoyo práctico a la enorme tarea de pastorear al niño. Estos recursos están pensados para ser utilizados de muchas formas, pero lo ideal sería que complementen la enseñanza bíblica ofrecida en la serie Vivir la biblia. Muchas de las láminas y actividades aparecieron primero en estos materiales de enseñanza. Ninguno de los recursos salen de un contexto profesional psiquiátrico o psicológico, aunque soy docente especializada en la educación del niño. Son el producto de una larga inquietud y de un corazón comprometido con la niñez de este continente, y con la convicción de que sin un cuidado pastoral adecuado, nuestros niños no llegarán a conocer en espíritu y en verdad al Buen Pastor que dio su vida por ellos. Este libro representa, entonces, un intento personal de cumplir con el mandato que llegó al apóstol Pedro un día cuando el Señor le dijo: “¿Pedro, me amas? Apacienta mis corderos”.

El cuidado pastoral del niño
por Betty S. de Constance
Capítulo tomado del libro "Más que maestros"

viernes, 18 de marzo de 2016

JESÚS Y LOS NIÑOS


JESÚS Y LOS NIÑOS:


“Y vinieron a él en el templo ciegos y cojos, y los sanó. Pero los principales sacerdotes y los escribas, viendo las maravillas que hacía, y a los muchachos aclamando en el templo y diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! se indignaron, y le dijeron: ¿Oyes lo que éstos dicen? Y Jesús les dijo: Sí, ¿nunca leísteis: De la boca de los niños y de los que maman perfeccionaste la alabanza?” Mateo 21.14-16

A partir del versículo 14 se menciona la presencia de enfermos que le eran traídos a Jesús para ser sanados. Este versículo se interpone entre dos momentos: la indignación de Jesús ante los negociantes (versículos anteriores), y la indignación de los principales sacerdotes y los escribas por las alabanzas de los niños. Jesús demuestra su celo por la casa de su Padre. El Templo no es para ser usado como “cueva de ladrones”, porque los comerciantes negociaban con las palomas y el dinero que eran para las ofrendas. Ellos ponían precios altos y, para las personas pobres o enfermas les era difícil conseguir lo que necesitaban para presentar sus ofrendas. Por tal motivo, Jesús, al atender a los enfermos y darles sanidad, les enseñó que el verdadero propósito del Templo, era practicar el amor, el servicio y la misericordia hacia los demás, de manera gratuita, por la gracia de Dios.

Vers. 15: “Pero los principales sacerdotes y los escribas, viendo las maravillas que hacía, y a los muchachos (niños) aclamando en el templo y diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David ! se indignaron,...”

El evangelio de Mateo es el único que narra la participación de los niños dentro del suceso en el templo. El texto dice: “...viendo las maravillas que hacía”, se refiere a: ciegos que ningún médico los había podido sanar, podían ver; cojos con dificultad para andar o paralíticos, caminaban y corrían. Esto provocó en los niños (traducción más acertada que muchachos), aclamar y dar voces en el templo diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! Hosanna, forma griega de un término hebreo que significa “¡Salva ahora! o ¡Salva, te rogamos!” Era la expresión hebrea (Sal. 118.25) pronunciada por las congregaciones en el templo, durante las Fiestas de la Pascua y la de los
Tabernáculos, como respuesta al cántico entonado por uno de los sacerdotes.

Los niños clamaban a Jesús, como lo habían hecho las multitudes cuando entró a Jerusalén montado sobre un burro. Los principales sacerdotes y los escribas, que siempre buscaban poder, fama y ser los más importantes, se indignaron. Los sacerdotes, porque veían que la gente venía a buscar a Jesús, en vez de recurrir a ellos. Y los escriba, estaban celosos porque las enseñanzas de Jesús tenían más audiencia que sus palabras.

Lo que más llamó la atención fue la actitud de los niños, quienes no tenían ningún temor de alabar a Jesús dentro del Templo. No era una simple imitación de los adultos, ellos reconocían su poder y su autoridad sobre los espíritus inmundos y las enfermedades, por las maravillas que veían.
Vers. 16: “Y le dijeron: ¿Oyes lo que éstos dicen? Y Jesús les dijo: Sí, ¿nunca leísteis: De la boca de los niños y de los que maman perfeccionaste la alabanza?”

Hemos visto que la palabra “Hosanna” quiere decir: “Salva ahora o salva te rogamos”, frase que la congregación pronunciaba en respuesta al cántico de un sacerdote. En esta ocasión, todavía no se celebraba ninguna fiesta; tal vez esto fue lo que más les indignó a los sacerdotes, quienes enojados le dijeron a Jesús: “¿Oyes lo que éstos dicen?...”. El término “oútoi” (esos o estos), es una expresión despectiva para referirse a los niños. Jesús, como buen defensor de los pequeños, contesta ¡Sí! y cita el Salmo 8.2, que es un salmo mesiánico.
“De la boca de los niños y de los que maman, fundaste la fortaleza, a causa de tus enemigos, para hacer callar al enemigo y al vengativo.” Salmo 8.2

“¿De la boca de los niños y de los que maman perfeccionaste la alabanza? Mateo 21.16
Surge la pregunta, ¿por qué Jesús al mencionar la segunda parte del texto cambia las palabras? La respuesta es que ambos textos tienen una relación profética.
 Los Salmos son alabanzas a Dios; además el rey David introdujo muchas profecías. En este caso, se relaciona con el tiempo cuando Cristo reinaría sobre la tierra. Cuando él dice “fundaste la fortaleza, a causa de tus enemigos...”, esto se relaciona con lo que acontecería en el futuro, ya que las alabanzas de los niños en el Templo fue la fortaleza que revelaba el reinado del Mesías quien estaba presente en medio de ellos.
 Decir ¡Hosanna!, no era responder a un cántico sacerdotal, sino a alguien que hacía maravillas en sus acciones, como dar sanidad a los enfermos.
 Por eso, Jesús prefiere usar:...perfeccionaste (o hiciste apropiada) la alabanza? Al parecer, se asemeja a una pregunta algo irónica, pero era una afirmación de que la profecía se había cumplido en la boca de estos pequeños, por el testimonio que daban al reconocerlo como Salvador. Su respuesta, más la intensidad y fuerza de los niños al alabar a Jesús con el solemne ¡Hosanna!, hizo que los sacerdotes y los escribas prefirieran callar.

Podemos ver que los niños juegan un papel muy importante en esta historia. Podemos aprender de ellos:
  1. Deseaban estar cerca de Jesús: El hecho de estar en el Templo donde se encontraba Jesús y el deseo de alabarlo, demuestra el aprecio que le tenían y su dependencia de él.
  2. Reconocieron su poder y autoridad al ver las maravilas que Jesús hacía.
  3. No tuvieron temor ni verguenza en alabar a Jesús: En toda esa algarabía sobresalen las voces de los pequeños, porque sentían en su corazón el alabar a Jesús, sin temor a las críticas y ni a la intención de los líderes religiosos de que callaran.
  4. Aceptaron a Jesús como Salvador¡Hosanna!, salva ahora o salva te rogamos, es una expresión que muestra que reconocían a Jesús como el Salvador, en medio del contexto de discriminación que padecían.
  5. Proclamaron su nombre: ¡Hosana al Hijo de David!, significaba que ellos deseaban que otros escuchen el mensaje de sus alabanzas.
“Como tales, ellos son nuestros maestros. En su humildad y necesidad objetiva, ellos claman “madre”, “padre”, “Abba”, y extienden sus manos vacías.
 Si deseamos aprender cómo recibir el reino y cómo llegar a ser representantes de Dios, debemos aprenderlo de los niños que están en medio nuestro”1

Este texto nos da más claridad para entender el mensaje de recibir el reino de Dios como un niño, en su sencillez y en su ejemplo de humildad para nosotros. Podemos concluir que, tanto David como Jesús al declarar acerca de los niños las frases: “...fundaste la fortaleza” y “...perfeccionaste la alabanza”, indican que la actitud de los pequeños en el Templo es fortaleza o columna que nos sirve como modelo hasta el día de hoy.
Jesús pone de ejemplo a los pequeños, los más insignificantes ante los demás. Él se presenta como su protector y defensor, demuestra que ellos ya no son los últimos, sino los primeros a quienes debemos imitar en su sencillez; por tal motivo les da un lugar de honor, como sus representantes.
El Señor muestra a los niños como un ejemplo para nosotros “ser como ellos”,reconocer a Jesús como el Maestro, amigo y, sobre todo, como el Salvador.

viernes, 20 de noviembre de 2015

Cualidades de los Maestros de Escuela Dominical


 A veces simplemente olvidamos porqué estamos haciendo lo que hacemos. En otras pensamos que lo que hacemos es en vano y no vemos algo concreto. También escribiré sobre las cualidades que este tiene y cómo podemos identificar a un/a hermano/a que puede apoyar en este ministerio que da tanta satisfacción.
Deseo mostrar, como introducción, algunos principios que vienen a iluminar nuestras vidas ministeriales para poder ser mejores servidores de nuestro Dios en lo que respecta a la Escuela Dominical.
  En esta enseñanza acerca de la Escuela Dominical empezaremos diciendo que: Los niños son importantes para Dios, no son cualquier cosa. (Marcos 10:13-16) Por ello las cualidades que tenga un maestro son de suma importancia.

¿A quién utiliza Dios?

En primer lugar, Dios ve más allá de lo que somos. (Juan 1:42). Cuando Jesús vio a Pedro no le vio tal como era, sino como sería algún día. Hay un tremendo potencial a desarrollar en la vida de un hombre que es instrumento para uso del Señor.

CUALIDADES DE UN MAESTRO DE ESCUELA DOMINICAL

LLAMADO Y DESEO

Debe ser llamado por Dios para enseñar. Efesios 4:11
Debe tener deseos para trabajar con niños. No debe huir del deseo. Sentir el deseo de trabajar con niños cuando entendamos que ellos son importantes para Dios. 

BUEN TESTIMONIO

Cuando intervenimos en la vida de otras personas, transmitimos no solo lo que sabemos, sino mucho más importante aún, lo que somos. Esto implica impartir nuestra propia vida espiritual con una profundidad semejante a la que Pablo transmitió a Timoteo.
El ministerio debe ser REPRODUCTIVO.

FIDELIDAD.

Se puede decir que es fiel aquel que ha adoptado para su vida el mismo objetivo que
Dios muestra en las escrituras. "Más buscad primeramente el reino de Dios y su Justicia”.

DISPOSICION A PAGAR UN PRECIO2 TIMOTEO 2.3-4

Resiste la tentación de ser seducido por el diablo y el mundo.

AMOR POR LA PALABRA DE DIOS. JEREMIAS 15:16

Invierte tiempo valioso y suficiente en el estudio y conocimiento de las escrituras.
NO TIENE ESPIRITU INDEPENDIENTE
Al amar lo que dice la Palabra de Dios, amará al Señor en primer lugar a por consiguiente a los que le rodean. En esa expresión y vida amorosa deben estar incluídos los niños cuando trabajamos con ellos.

VISIÓN

La capacidad de ver la tarea de manera objetiva, y de no desilusionarse (Filipenses 3:13, 14)
Aquí me detengo para decir que es en esta cualidad donde un maestro debe prestar atención, pues depende de la visión que tengamos para llegar a lo que pensamos. Si no confia plenamente en el Señor y oración constante, recordando que lo que hacemos no es algo material sino espiritual, no logrará nada.
Recuerde que ese niño podría ser mañana un pastor, un misionero, un gran hombre de Dios.

CAPACIDAD DE EXPRESIÓN Y COMUNICACIÓN

  1. Alegre y radiante personalidad.
  2. Manifiesto amor por su alumnos. 
  3. Paciencia. 
  4. La capacidad y deseo de aconsejar. 
  5. Originalidad en su clase.

HUMILDAD, PACIENCIA, CARÁCTER Y CONSTANCIA!!!

Estas cualidades deben ser los estandartes en cada actividad que hagamos con los niños. Recuerde que son importantes para el Señor y cada vida tiene un valor increíble. Si estas cualidades no las tienes o una de ellas es una debilidad ORA al Señor para que Él pueda ayudarte y cambiar tus actitudes.
Sin éstas es muy complicado el trabajo en el ministerio de los niños. También ten en cuenta que el tiempo de Dios es totalmente diferente a la nuestra. ten en mente que lo que sembramos hoy no se cosechará en unos minutos pero la constancia determinará tu carácter como maestro. De esa forma sabrás que lo que haces o enseñas hoy en un tiempo menos pensado verás los resultados.

 PRUDENCIA

Como sabemos los niños de hoy no son los mismos de hace unos diez años. Ellos están con nuevas formas de pensar y debemos ser muy cuidadosos en lo que decimos o hacemos con ellos.
Quizás tengamos todo lo demás pero en el momento de trabajar con ellos nos encontraremos con un campo minado por Satanás, donde debemos ser muy meticulosos.